La caída de un misil estadounidense en territorio mexicano tendría como su principal víctima la relación entre México y Estados Unidos, y la reparación de ese daño tardaría décadas en lograrse.
Ha sido por meses que los medios estadounidenses publican notas sobre un presunto aunque inminente ataque preventivo contra operaciones o dirigentes del narcotráfico en México. Sería el equivalente a los ataques que se han realizado en aguas internaciones contra lanchas que cargan droga.
Puede ocurrir, sí. El gobierno del país vecino tiene capacidad para eso y más. Pero si lo hacen, romperían una relación estrechísima y complicada entra ambas naciones.
En el remoto caso de un ataque preventivo estadounidense en México, la administración de Donald Trump abriría tres frentes difíciles de manejar. Por el lado oficial, desde México, habría protestas ante organismos internacionales, un enfriamiento nunca visto en la relación entre ambos países, y protestas populares afuera de representaciones estadounidenses en México.
El otro frente estaría en territorio de Estados Unidos, principalmente en California y Texas, pues los migrantes y la comunidad hispana saldrían a las calles con la misma o incluso mayor vehemencia que han mostrado en las manifestaciones contra las redadas de la autoridad federal, algo que ha demostrado es capaz de trastocar la vida cotidiana en las grandes ciudades de los estados con alto número de latinos.
Un tercer frente lo representarían los criminales mexicanos. Si Estados Unidos los atacara, entonces células de los carteles podrían atentar contra intereses de los EE.UU. en territorio nacional, y (ojalá no ocurra) contra ciudadanos del país vecino.
Un ataque, solo uno, provocaría un incendio diplomático, comercial y cultural. Y me parece que nadie quiere eso. Nadie, excepto los llamados “halcones” del gobierno de Trump, que son quienes han venido divulgando la especie de una intervención en territorio mexicano.
Nada bueno, insisto, traería que un soldado o agente federal estadounidense pusiera un pie sobre territorio mexicano. Nada bueno traería un ataque con drones o misiles en México. Debe haber una mejor forma de combatir al narcotráfico, y eso incluye el trabajo conjunto entre las dos naciones.