El abandono de la exitosa política de vacunación federal de al menos los últimos 50 años y el nacimiento de un movimiento internacional entre ciertos sectores de la población, que con diversos argumentos impulsa a no vacunarse y no vacunar a sus hijos, nos cobran ahora una factura altamente costosa en la pérdida de vidas y en las secuelas que dejan diversas enfermedades prevenibles, particularmente el sarampión.
Desde hace un par de años se han incrementado sustancialmente en el mundo y en México los casos de sarampión por dos factores, el primero tiene que ver con el desconocimiento, la ignorancia y la premeditada información falsa que se propaga sin control a través de diversos medios, particularmente en las redes sociales, dando como resultado el “movimiento antivacunas”, teniendo ejemplo relevante en el secretario de salud de los Estados Unidos, Robert F. Kennedy, un ferviente activista antivacunas. Este movimiento tuvo un impulso en el periodo de la fatídica pandemia de COVID, derivado de algunos efectos colaterales, como el incremento de los casos del síndrome de Guillain-Barre, entre otros. Vale la pena tener en cuenta que la comunidad científica tuvo que crear una vacuna contrarreloj; la enfermedad paralizó al planeta y de manera pronta los laboratorios ofrecieron alternativas, evidentemente sin la planeación y el tiempo suficiente para hacer las pruebas exhaustivas por el apremio del tiempo. Al paso de los años, hoy tenemos vacunas con un desarrollo más amplio y con menores riesgos, haciendo la aclaración de que las vacunas en este caso, salvaron a millones de personas de fallecer o quedar con secuelas graves. Eso no tiene discusión.
En el caso del sarampión, no tiene argumento: Una enfermedad erradicada en casi todo el planeta desde hace décadas con la simple aplicación de una vacuna con un alto grado de efectividad. Las campañas de vacunación en México fueron efectivas al paso del siglo XX y los primeros 15 años del siglo XXI, hasta que en el periodo 2018-2024 se descuidó esta política dando como resultado que hoy vivamos una verdadera crisis en la materia, siendo hoy Jalisco el estado que más casos activos tiene (en lo que va de 2026), después de una situación sin control que se vivió en Chihuahua el año pasado.
Para remate, las personas brigadistas de las diferentes instancias de salud informan que el rechazo a ponerse la vacuna es de alrededor del 50%. Esto nos lleva necesariamente a una campaña de concientización y de retomar la importancia de educar desde el nivel de educación básica a los infantes y lo más grave y difícil, a sus padres. Al igual que en otras ocasiones, la dupla Gobierno del Estado-Universidad de Guadalajara se encuentra aplicando el fármaco a lo largo y ancho del Estado, pero hay que establecer una campaña permanente, didáctica, entendible, de la importancia de aplicarse la totalidad de vacunas del cuadro básico y el gobierno federal asumir su competencia primaria para subsanar este lastre heredado del sexenio anterior.
En épocas de posverdad, en las que a pesar de tener una realidad única, en este caso la ciencia, existen personas que promueven con diversos intereses relatos que llegan a lo ridículo, recordemos que en pandemia se llegó al extremo de decir que no nos pusiéramos la vacuna contra el COVID porque se nos iba a inocular un chip electrónico para dominarnos. En verdad es inaudito lo que a veces se dice y lo peor, hay quien lo cree y lo defiende con fervor religioso; esto hace necesario tener imaginación, pertinencia e insistencia desde las instituciones del Estado mexicano para revertir la oscuridad de los tiempos en los que nos encontramos actualmente.