Después de la traumática experiencia que nos dejó la pandemia del Covid-19 entre los años 2020 y 2023, es natural que la sociedad esté mucho más sensible ante los brotes de enfermedades contagiosas. Es lo que acontece actualmente con el brote de sarampión, que ha convertido a Jalisco en la entidad federativa con más contagios registrados en lo que va del año 2026.
Sin embargo, tratándose de un virus antiguo y conocido, la solución está a corta distancia: una vacunación intensa que de acuerdo con la Secretaría de Salud Jalisco, debe alcanzar a dos millones de jaliscienses para cercar así la difusión del virus, altamente contagioso.
Sin embargo, en esta experiencia de reaparición del sarampión (ya era un padecimiento que se consideraba desaparecido), han ocurrido fenómenos que merecen toda la atención de las autoridades para reparar ciertos “vicios sociales” que pudieran costar mucho en casos de otras enfermedades contagiosas y posibles nuevos brotes.
Este 3 de febrero, la responsable del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) en Jalisco, Karla Guadalupe López, dio a conocer que en Tonalá y San Pedro Tlaquepaque, las brigadas de vacunación han sido retiradas por policías municipales que les exigen permisos específicos y les argumentan que obstruyen la vía pública.
Es una reacción increíble (por decir lo menos) de los policías preventivos, cuando justo estos dos municipios figuran entre los que tienen una tasa más alta de contagio en el Área Conurbada de Guadalajara.
Evidencian desconocimiento y prioridades invertidas: la salud de la comunidad es mucho más importante que el tránsito de personas en la vía pública.
Otro fenómeno reportado por las brigadas de la Secretaría de Salud Jalisco que recorren colonias, barrios y casa por casa para ofrecer la vacuna gratuita, es que muchas personas rechazan ser vacunadas por los prejuicios que se han extendido desde hace años en redes sociales y grupos de chat; son los “antivacunas”, que desconocen el riesgo de su práctica, no solo para ellos sino también para el resto de la comunidad.
¿Cómo resolver dilemas como los anteriores? Evidentemente con otras campañas: las de información. Deben ser permanentes y exhaustivas, pues deben combatir la desinformación que se extiende en las redes sociales y que encuentra víctimas entre las personas desinformadas y ávidas de teorías conspirativas.
El brote de sarampión nos ha mostrado que debe reactivarse el trabajo de capacitación e información entre autoridades, para que faciliten y no obstaculicen una labor fundamental para la comunidad: vacunar. Y también la información permanente entre la población.