Desde el arranque del primer año de gobierno del presidente Donald Trump, en este su segundo mandato, ha llevado al planeta a una delicada crisis por las frecuentes acciones militares, la recurrente imposición unilateral de aranceles, la inhumana persecución de inmigrantes, la represión a las protestas ciudadanas y los múltiples y confrontativos discursos con los que pretende imponer su voluntad, afuera y dentro de su territorio.
México, especialmente, ha padecido sus intemperancias y las ha tenido que sumar a las tradicionales complejidades existentes en su relación con EU. Incluso los acuerdos formalmente suscritos entre ambos países, en estos tiempos han vivido su angustia y puesto en riesgo su observancia y continuidad por los espontáneos arranques de superioridad del vecino del norte.
Sin embargo, aún en ese marco de autoritarismo que distingue al ejecutivo estadounidense, nuestra Nación ha logrado sostener una relación respetuosa y, salvo en algunos temas arancelarios y discursivos, la actual vinculación económica incluso nos ha resultado positiva (aumentamos las exportaciones a EU en un 7% el año pasado).
¿Qué ha determinado este cambio de paradigma, de relaciones de sometimiento a relaciones de entendimiento y de beneficio mutuo? La Doctora Claudia Sheinbaum lo sintetiza en una clara premisa: cooperación sí, subordinación no.
México ya no es la Nación vulnerable de otras épocas. Frente a las amenazas utilizadas como instrumento político, nuestro país responde desde una posición de fortaleza moral, política y económica: el gobierno de la Doctora Claudia Sheinbaum tiene una legitimidad social que rebasa el 80%, lo que se traduce en poder político para negociar; además, somos el principal socio comercial de Estados Unidos, le aportamos a su economía insumos, recursos, productos y servicios indispensables para sus propios procesos productivos, para la satisfacción de sus necesidades de mercado interno y para su competitividad en el exterior. Hay una interdependencia económica real que obliga a ambas naciones a actuar colaborativamente.
Hace unos días, la presidenta Claudia Sheinbaum sostuvo una conversación telefónica con el presidente Trump, en la que se abordaron temas centrales para ambos países, entre ellos el futuro del T-MEC. El diálogo fue directo, respetuoso y orientado a dar seguimiento puntual a los acuerdos. Esta relación demuestra una nueva forma de ejercer la política exterior: firme en los principios, pero abierta a la coordinación.
En temas sensibles, México ha dejado claro su posicionamiento. En materia de agua, el reciente acuerdo sobre el Río Bravo muestra que es posible cumplir compromisos internacionales sin poner en riesgo la viabilidad de nuestros productores y comunidades. En seguridad, México hace su parte para frenar el tráfico de fentanilo, pero exige corresponsabilidad de Estados Unidos para detener el flujo ilegal de armas que tanto daño causan a nuestro pueblo.
La conducción de la presidenta Sheinbaum no sólo ha generado estabilidad y certidumbre; es una líder reconocida a nivel internacional. El propio presidente Trump ha destacado la capacidad, inteligencia y firmeza de la mandataria mexicana. La relación con Estados Unidos es compleja, sí, pero por primera vez en décadas se construye desde el respeto mutuo, la soberanía y el bienestar de nuestro pueblo.