Diego Rivera Navarro estaba en esa ruta. Eran demasiadas las evidencias. Iba a terminar detenido y sólo era cuestión de tiempo. Ayer, su detención en el marco del Operativo Enjambre y el anuncio hecho público por el secretario de Seguridad Ciudadana, Omar García Harfuch, se convirtió en el evento mediático nacional.
Pero ni siquiera esa celebridad negativa fue completa para Rivera Navarro, porque al final de la jornada, tuvo que “competir” con otro hecho vergonzoso: el momento en el que una asistente se postra a limpiarle los zapatos al ministro presidente de la Suprema Corte de Justicia, Hugo Ortiz, antes de que ingresara al evento de conmemoración del aniversario de la promulgación de la Constitución, en Querétaro.
Por cierto, lo que debiera merecer más atención general, la conmemoración de la Carta Magna, quedó totalmente eclipsado por la detención del alcalde de Tequila y el episodio del supuesto “ministro indígena” de la Corte.
Pero se impone regresar al tema de Tequila, uno de los municipios que más identifican a México en el mundo. Un pueblo mágico que es también uno de los puntos más importantes en la industria turística de Jalisco.
Acusado de extorsión, denunciado por violencia política de género e incluso por amenazas de muerte, el presidente municipal Diego Rivera enfrenta algo mucho más vergonzoso: ayer, después de conocerse que había sido detenido por autoridades federales y trasladado a la Ciudad de México junto con su comisario y dos colaboradores más, la gente celebró.
Los festejos comenzaron por la tarde y continuaron durante la noche; bailes en las calles y la plaza principal, con música en vivo.
Ese es el mayor castigo para un joven político de Morena que apenas en diciembre había sido defendido por varios personajes de su partido que aseguraban que el alcalde era inocente de los señalamientos que contra él hicieron industriales, comerciantes e incluso trabajadores del Ayuntamiento que presidió.
¿Será sentenciado y condenado por los delitos que se le imputan? Eso no puede saberse ahora. ¿Está realmente relacionado con el crimen organizado, tal como aseguran habitantes de Tequila? Tampoco puede sostenerse sin pruebas esa acusación.
Pero lo que es verdad y urge que los partidos políticos y la ciudadanía se concienticen, es terminar con la superficialización del ejercicio público. Porque Diego Rivera solicitó al gobierno del Estado un adelanto del presupuesto para el 2026 porque al finalizar el año pasado, no tenía recursos para cubrir los pagos de los trabajadores públicos, pero en medio de esa escasez de recursos, rifó un vehículo para promover a Morena e incurrió en lo que parecen delitos electorales.
El daño que le causó a Tequila todavía debe medirse, porque el este presidente municipal –que ya no volverá al cargo– hizo retroceder a una ciudad que no debió tenerlo como alcalde.