La presidenta Claudia Sheinbaum había asegurado que “a mediados de febrero” se presentaría en la Cámara de Diputados su propuesta de reforma electoral. Los días empiezan a transcurrir más rápido de lo que conviene políticamente, y un documento que contenga el dictamen de la reforma no está presente en la discusión legislativa.
La presidenta nacional de Morena, Luisa María Alcalde, ha aprovecho algunos espacios de difusión en los que participa para criticar que los políticos de oposición descalifican y hacen consideraciones sobre la reforma electoral, “pero no hay dictamen”.
Citamos en este espacio a Alcalde Luján por la enorme influencia que tiene la dirigente nacional del partido en las determinaciones de Morena y sus legisladores, pero también porque con su exigencia de que exista un dictamen, queda todavía más evidencia la fractura interna en el bloque de lo que han gustado en llamar la “cuarta transformación”.
En una ruta tan larga como lo es la política electoral mexicana, no es posible hacer una lectura integral de un período de unos pocos años, pero dado que ellos mismos, los de la “cuarta transformación” han insistido en diferenciar un período temporal en el que ocupan el poder, en contraste con lo que ocurrió antes, hay que revisar sus propuestas, que básicamente son las que dejó sin cumplir el anterior presidente, Andrés Manuel López Obrador:
• Eliminar los diputados y senadores de representación proporcional.
• Reducir o eliminar las “prerrogativas” o recurso económico (miles de millones de pesos) que el gobierno federal y los gobiernos estatales entregan a los partidos políticos.
• Reducir el costo millonario de la organización de elecciones en México.
Estas son las propuestas básicas, populistas, que se hicieron durante el gobierno de López Obrador y que ahora, la presidenta Claudia Sheinbaum, pretende cumplir… pero no tiene apoyo.
La presidenta ha encontrado una férrea resistencia a estas reformas tanto en Morena, su partido, como en los partidos políticos aliados: Verde y Partido del Trabajo.
No aceptan, por ningún motivo, reducir a los plurinominales, ni tampoco dejar de recibir dinero del gobierno.
Adicionalmente, en la reforma electoral que la presidenta Sheinbaum le encargó a Pablo Gómez, aparecen asuntos “secundarios”, como desaparecer los organismos electorales de los estados, los tribunales electorales de los estados, reducir el presupuesto al Instituto Nacional Electoral (INE) y al mismo tiempo, hacerlo responsable de nuevas tareas de fiscalización y sanción por el uso de recursos económicos de origen público en actividades electorales.
Pero… nunca contaron con la resistencia de sus aliados.
La reforma electoral entra esta semana en ruta de fracaso. Igual que ocurre con la prohibición “ética” al “nepotismo electoral”.
Con la presidenta compiten los Monreal y los Gallardo. Y probablemente no podrá derrotarlos.