Con sorpresa, el pasado viernes 13 de febrero, nos enteramos por las redes sociales del término de la relación laboral entre Marx Arriaga y la Secretaría de Educación Pública (SEP) donde estuvo al frente, por un quinquenio, de la Dirección de Materiales Educativos de esta dependencia. Pero nos enteramos de manera inmediata de dicho asunto, por las mismas redes sociales del señor Marx, que en un montaje teatral se victimizó hasta el cansancio con argumentos indignos, y retando incluso a elementos de seguridad para que lo esposaran y sacaran del edificio donde sigue atrincherado a las horas que esto escribo, en aras de defender algo que asume como propio, y no un espacio público del que nadie puede convertirse en dueño.
Es un tema que llama poderosamente la atención, ya que del seguimiento de las actuaciones del señor Marx Arriaga puedo deducir que en verdad se asume como el redentor de la educación en México, no en balde su modelo que denominó “la nueva escuela mexicana”, y el creador de los más recientes libros de texto gratuito que utilizan millones de alumnos y docentes en la educación básica del país, todo lo anterior mandatado por el ex presidente López Obrador, al que idolatra como un todopoderoso, aún después de terminar su sexenio. Asume que su despido es una traición al jerarca de la 4T y un intento de regresarle al neoliberalismo la educación en México, incluso llegando al absurdo de declarar que este hecho fue por un acuerdo del gobierno federal con Ricardo Salinas Pliego, un argumento que raya en lo demencial.
Libros de texto por cierto, altamente cuestionados por un gran número de expertos en educación y pedagogía, por abandonar en buena medida el método científico, minimizando la enseñanza de las matemáticas, la física, biología o la química; libros que tienen errores de fechas, de ortografía y que evitan la construcción del pensamiento crítico (a pesar de que ese fue el principal argumento en el nuevo modelo educativo), para convertirlos en manuales de adoctrinamiento de un pensamiento ideológico que tergiversa incluso hechos históricos y justifica como ejemplo, los asesinatos de empresarios como Eugenio Garza Sada o Emilio Aranguren en los años setenta por parte de las fuerzas guerrilleras activas en esa época, en lugar de explicar el contexto completo de un momento, que sin duda tuvo como signo la represión que registró como una de sus consecuencias el nacimiento de estos movimientos, viviendo regiones del país un clima de enfrentamiento entre las fuerzas del Estado y los movimientos subversivos y por supuesto, que la otra cara de la moneda también tiene una importante historia para contarse, la Liga Comunista 23 de Septiembre o el surgimiento del Partido de los Pobres y un sinfín de expresiones armadas que tuvieron un paso importante por nuestro país y por nuestra ciudad, y que forman parte trascendente de nuestra construcción social.
Es el relato de los hechos, acompañado del fomento del desarrollo de la capacidad de análisis del estudiante, el que permite que se forme un criterio propio en la libertad de él mismo.
Afortunada sin duda la remoción del predicador. Importante retornar a la enseñanza científica, de mérito, de exigencia con un Estado que en efecto debe enfocarse en poner un piso lo más parejo posible para que las o los estudiantes tengan una condición similar en su desarrollo educativo y, por ende, de mejores oportunidades para enfrentar su vida productiva y social. Ideologizar la educación no fomenta el pensamiento crítico, impone la dogmatización y esa, sin duda, genera incondicionales sin capacidades de disertación.