México está viviendo un momento histórico. La reducción de la jornada laboral a 40 horas semanales no es solamente una reforma técnica al artículo 123 de nuestra Constitución; es un acto de justicia social, una decisión de Estado y una señal clara de que el bienestar de las y los trabajadores está en el centro del proyecto de nación que encabeza la presidenta Claudia Sheinbaum.
Durante más de cien años, nuestro país mantuvo jornadas laborales de 48 horas semanales, mientras muchas economías del mundo avanzaban hacia esquemas más humanos y productivos. Hoy damos un paso firme hacia la modernización laboral con una reforma responsable, equilibrada y profundamente social.
¿Qué cambia con la reforma?
La modificación a las fracciones IV y XI del apartado A del artículo 123 constitucional establece que la jornada laboral será de 40 horas semanales. Pero no se trata solo de reducir horas; se trata de garantizar derechos.
La reforma asegura:
• Un día de descanso cuando menos con goce de salario íntegro.
• Que la reducción de la jornada no implique disminución de salarios ni prestaciones.
• Límites claros a las horas extraordinarias: hasta 12 horas semanales pagadas al doble y, en caso de exceder ese límite, al triple.
• Un máximo de 4 horas extras por día, en hasta 4 días por semana.
• La prohibición absoluta de que menores de edad realicen horas extraordinarias.
Además, establece una implementación gradual: de 48 horas en 2026 se reducirá a 46 en 2027, 44 en 2028, 42 en 2029 y finalmente 40 horas en 2030. Esta transición ordenada permite certeza para trabajadores y empleadores, garantizando estabilidad económica y protección del empleo.
Una reforma con diálogo y responsabilidad
Algunos sectores han planteado que la medida debió aplicarse de forma inmediata o que podría afectar la competitividad. Desde Morena sostenemos que esta reforma es producto del diálogo entre trabajadores, empresarios y gobierno. No es una decisión unilateral; es una construcción colectiva que cuida las fuentes de empleo y fortalece el mercado interno.
La gradualidad no es debilidad; es responsabilidad. Reducir dos horas por año a partir de 2027 permite a las empresas reorganizar procesos, innovar y adaptarse, mientras el Estado acompaña la transición.
Otros han señalado que las horas extra podrían convertirse en “una trampa”. La realidad es exactamente la contraria: hoy no existe un límite claro en el total de horas extraordinarias que pueden trabajarse. Con esta reforma se establecen topes definidos y pagos obligatorios, brindando mayor protección al trabajador y mayor certeza jurídica para el empleador.
Más descanso, más productividad, mejor país
El derecho al descanso no es un lujo; es una condición indispensable para una vida digna. Trabajadores con más tiempo para su familia, su salud y su desarrollo personal son también trabajadores más productivos, más motivados y más comprometidos.
La reducción de la jornada laboral es coherente con el aumento histórico al salario mínimo, la eliminación del outsourcing abusivo y el fortalecimiento de la democracia sindical. Forma parte de una visión integral de justicia laboral que ha caracterizado a la Cuarta Transformación y que ahora, con la presidenta Claudia Sheinbaum, entra en una nueva etapa.
No se trata de trabajar menos; se trata de vivir mejor.
Un compromiso con la Constitución y con el pueblo
Desde las Comisiones Unidas de Puntos Constitucionales y de Trabajo y Previsión Social hemos coincidido en respaldar el sentido positivo de esta iniciativa, en los mismos términos aprobados por el Senado. Reformar la Constitución para reducir la jornada laboral es elevar el bienestar a rango constitucional.
La historia nos juzgará por las decisiones que tomemos hoy. Optar por las 40 horas es optar por la dignidad, por el equilibrio entre vida y trabajo y por un México más justo.
Porque cuando se gobierna poniendo primero al pueblo, las reformas no son privilegios: son derechos.
Y el derecho al descanso digno, hoy, está más cerca de convertirse en realidad.