Como dice el dicho: Todo era risas y diversión, hasta que…
Y sí. En Jalisco y buena parte de México todo era glorificar las andanzas del crimen organizado y disfrutar de sus historias, hasta que matan al líder del grupo criminal más grande del país, y la furia de los sicarios se desata sobre los ciudadanos. Entonces ya no nos gustó tanto la cosa…
Todo porque muchos de los hombres y mujeres de nuestra sociedad ven (o vemos) con buenos ojos a los barones del crimen organizado. Lo mismo se consumen telenovelas con protagonistas dedicados al narcotráfico y el crimen, que se abarrotan conciertos de grupos que cantan las andanzas de los líderes de diferentes organizaciones, y se corean con entusiasmo las canciones que glorifican armas, drogas, motos, caballos y alcohol.
Qué decir de todas y todos aquellos que buscan parecer personajes de la mafia. O lucir como muñecas con accesorios como cuernos de chivo y autos de lujo.
Hoy el crimen organizado se ensaña contra los ciudadanos que les apoyan o, en todo caso, los respetan por temor. No hay reciprocidad. Se daña propiedad privada y se trastoca la vida cotidiana.
Las organizaciones criminales no desaparecerán por la muerte de uno de sus líderes, aunque sea el más poderoso. Simplemente se reagruparán. Y si hubiera disputa entre ellos, quienes seguirán pagando el pato somos los ciudadanos. No hay mucha opción.
Lo que sí, es importante recordar hoy que todos en algún momento hemos consumido productos mediáticos que tienen como referencia el narcotráfico y sus hazañas heroicas. Y también es importante darnos cuenta de que nos molestaremos cuando busquen reglamentar o prohibir series o canciones. Así somos.