En México se han realizado varios esfuerzos para tratar de erradicar el acoso escolar. Existen protocolos para que los maestros tengan estrategias para actuar, sin embargo, olvidamos trabajar con los padres de familia, quienes son pieza clave porque cuando los alumnos entran a la escuela, ellos mismos pueden ser ya víctimas de acoso o conductas violentas que repetirán en el entorno escolar.
El deterioro del tejido social, sus consecuencias para la niñez y adolescencia, la desintegración de las familias, el horario de trabajo de los padres tan diferente a la mayoría de los horarios escolares provoca en muchos casos que los niños estén solos por largos periodos de tiempo, con los muchos riesgos que esto conlleva.
Considero importante atacar el problema de raíz. Los tiempos tan convulsos que estamos viviendo, el estrés, la vida cotidiana acelerada, los programas televisivos, los videojuegos, las redes sociales y las noticias, no favorecen la eliminación del bullying. Por otra parte, creemos que el colegio o la escuela ya resolverán la situación cuando se presente en el aula, y para entonces puede ser demasiado tarde.
Hemos normalizado dirigirnos a los demás con apodos, haciendo mención de alguna característica que tiene la persona; también nos parece gracioso que el niño pequeño imite el actuar de algún adulto repitiendo una acción ofensiva o palabra peyorativa. Nosotros mismos nos hablamos con desprecio ante un error o equivocación; olvidamos que nuestras palabras tienen poder y quedan como marcas indelebles en la mente de los niños, niñas y adolescentes. Seamos conscientes de que la violencia no solo es física, puede ser psicológica.
No podemos pretender que todo lo haga el gobierno y la escuela; los niños pasan muchas horas en casa y ahí debe iniciar la eliminación del maltrato. Estemos alertas de las reacciones que tenemos con nuestros hijos y las actitudes que tienen los demás con ellos, incluyendo a los familiares más cercanos.
Existe la Ley General para la Inclusión de las Personas con Discapacidad. Garantiza el derecho a una educación libre de violencia; la realidad en las escuelas es muy distinta, acrecentándose el problema en las secundarias y preparatorias. Además, no se vive de igual forma el bullying con las personas con discapacidad; ellos son mucho más vulnerables de ser víctimas de acoso o bullying.
La ausencia de ajustes razonables y la falta de capacitación docente, permiten que las burlas por el uso de dispositivos de apoyo (sillas de ruedas, audífonos) o por maneras distintas de comunicación, sean normalizadas en las escuelas.
La Red por los Derechos de la Infancia en México (REDIM), menciona que las personas con discapacidad tienen hasta tres veces más probabilidades de sufrir violencia en el entorno escolar debido a prejuicios y la falta de protocolos de inclusión.
Estemos atentos si se presentan las conductas que mencionaré y ante la sospecha pidamos ayuda. Si pensamos que nuestros hijos sufren cualquier tipo de abuso, denunciemos la situación una vez que esté confirmada; podemos ayudar a nuestro hijo y quizás a muchos más.
Aislamiento y Regresión: A diferencia de otros estudiantes, los niños y jóvenes con discapacidad suelen experimentar una “doble victimización”. El acoso refuerza la idea de que su condición es un defecto, lo que provoca un aislamiento social profundo y, en muchos casos, la pérdida de habilidades sociales previamente adquiridas.
Deterioro de la Salud Mental: La Secretaría de Salud advierte que el bullying persistente incrementa los niveles de ansiedad severa, depresión y fobia escolar. En estudiantes con condiciones neurodivergentes (como el autismo), esto puede detonar crisis sensoriales o episodios de mutismo selectivo.
Deserción Escolar: Ante la falta de espacios seguros, muchas familias optan por retirar a los menores del sistema educativo, lo que perpetúa el ciclo de desigualdad y limita sus oportunidades futuras de empleo y autonomía.
Espero que esta columna, nos permita ser un poco más conscientes de esta triste situación que afecta a nuestra niñez y adolescencia, particularmente a quienes viven con discapacidad.