La distribución de agua por parte del Sistema Intermunicipal de los Servicios de Agua Potable y Alcantarillado (SIAPA) sufre una nueva crisis: la del agua pestilente que han reportado desde tres semanas atrás en numerosas colonias de Guadalajara, aunque también lo han declarado vecinos de Tlaquepaque y Zapopan. El gobernador Pablo Lemus reveló el 9 de marzo que el origen del problema se ubica en “varios municipios” donde se han arrojado aguas residuales a ductos del SIAPA.
En un comunicado emitido el mismo, día, la Dirección del SIAPA señaló directamente a Tlajomulco de Zúñiga y apuntó varias poblaciones. A las pocas horas, el presidente municipal Gerardo Quirino Velázquez negó que Tlajomulco sea la fuente de la contaminación en el SIAPA e indicó que en acuerdo con la Secretaría General de Gobierno, se han realizado recorridos para determinar de dónde surgen las aguas residuales que están llegando a miles de domicilios en Guadalajara y otros municipios. No es Tlajomulco.
El panorama se complica. ¿Quiénes arrojan agua a los ductos del SIAPA? Se trata no de una falta administrativa, sino incluso de un delito.
En los últimos años, el SIAPA no ha podido resolver el agua turbia que con diferentes grados de suciedad, aparece en diferentes puntos de la ciudad. Ahora, se suma la pestilencia del agua que sale por la llave.
¿A qué distancia nos encontramos de que esto provoque un problema de salud pública?
El mismo 9 de marzo, el gobernador Lemus Navarro informó que es urgente el financiamiento para dos proyectos hidráulicos:
1. La ampliación de la Planta Potabilizadora 1, de Miravalle (la misma a donde supuestamente está llegando el agua contaminada y que huele “a podrida”), que requiere 2 mil millones de pesos para ser ampliada.
2. La construcción de un segundo ducto de agua de Chapala a Guadalajara para sustituir al ducto actual, y para el que se necesitan al menos 11 mil 500 millones de pesos.
El mandatario solicita que el gobierno federal participe con al menos una tercera parte del total de los recursos, es decir un mínimo de 4 mil 500 millones de pesos.
Con esta infraestructura sería posible corregir los problemas de turbiedad del agua y mejorar el servicio.
¿Y los problemas de olores fétidos?
El SIAPA tiene varios problemas más, pendientes de resolver, como el cambio de la obsoleta red de tuberías de distribución del agua; la cartera vencida del SIAPA que asciende a casi 18 mil millones de pesos y que crece año con año; la reingeniería administrativa y operativa; la construcción del drenaje profundo que mitigaría los problemas cíclicos de inundaciones en la metrópoli durante el temporal de lluvias.
Adicionalmente, la infraestructura pendiente para traer agua de El Zapotillo; las plantas de tratamiento de aguas residuales y las nuevas reglas de operación para establecer tarifas, y un largo etcétera.
El paquete de pendientes es colosal y trasciende el sexenio, pero debe iniciarse ya, con las obras más urgentes, para evitar que la nueva crisis alcance, se insiste, la categoría de problemas de salud por la mala calidad del agua que se distribuye.