Hubo un tiempo en que el Sistema Intermunicipal de los Servicios de Agua Potable y Alcantarillado (SIAPA) era motivo de orgullo para Jalisco. Durante años fue considerado un referente internacional de gestión pública: un organismo innovador, eficiente y sostenible que garantizaba agua limpia y accesible para millones de habitantes de la Zona Metropolitana de Guadalajara.
Aquel modelo creado por el Ingeniero Matute Remus se distinguía por algo que hoy parece olvidado: planeación, inversión en infraestructura y una visión de servicio público que colocaba al ciudadano en el centro. El SIAPA era ejemplo de cómo un organismo público podía funcionar con eficiencia y responsabilidad.
Hoy, lamentablemente, ese ejemplo se ha transformado en todo lo contrario.
El SIAPA carga ahora con una larga lista de señalamientos: malos manejos administrativos, ineficiencia operativa, socavones recurrentes que dañan la ciudad, servicios mal atendidos, agua sucia que llega a los hogares y una atención al ciudadano que en muchos casos raya en el desdén.
La pregunta es inevitable: ¿Cómo llegamos a este punto?
La respuesta está en años de malas decisiones y administraciones fallidas. Primero, durante los gobiernos del PRI que dejaron rezagos estructurales, y más recientemente bajo los gobiernos de Movimiento Ciudadano, que han sido incapaces de corregir el rumbo y, por el contrario, han profundizado el deterioro del organismo.
Los datos lo confirman.
El Instituto de Información Estadística y Geográfica de Jalisco (IIEG), al analizar la Encuesta Nacional de Calidad e Impacto Gubernamental (ENCIG) 2023 del INEGI, revela un deterioro alarmante en la calidad y percepción del servicio de agua en el Estado.
En Jalisco, la satisfacción con el servicio de agua potable cayó del 67.9% en 2019 al 48.3% en 2023. La percepción sobre la pureza y claridad del agua —un indicador fundamental de calidad— se desplomó del 62.6% al 40.7%, una caída cercana al 35 por ciento.
Incluso, el suministro constante del servicio ha empeorado: pasó del 67.6% en 2021 al 63.9% en 2023.
Lo más preocupante es que el deterioro en Jalisco es más pronunciado que el promedio nacional, colocándonos entre las entidades con mayor retroceso en la calidad del servicio.
Estos números no son simples estadísticas. Representan la vida cotidiana de miles de familias que enfrentan cortes inesperados, agua turbia que pone en riesgo su salud y socavones que paralizan calles enteras.
El propio IIEG señala que, aunque el 92.8% de la población urbana depende de la red pública, la insatisfacción crece por fugas no atendidas, desperdicio de agua y una evidente falta de mantenimiento en la infraestructura.
Es el resultado de administraciones que han privilegiado intereses políticos, cuotas partidistas y opacidad sobre la responsabilidad de garantizar un servicio esencial.
Mientras el gobierno federal impulsa reformas para fortalecer el derecho humano al agua y protegerla como un bien público, en Jalisco persiste la falta de transparencia en la gestión del SIAPA. La ciudadanía ni siquiera tiene acceso claro a los resultados de auditorías y revisiones sobre el manejo del organismo.
La crisis del agua en Jalisco no es producto del destino ni de la casualidad. Es consecuencia directa de malas administraciones, primero del PRI que dejó rezagos históricos, y ahora de Movimiento Ciudadano, que ha demostrado una preocupante incapacidad para rescatar el sistema.
Por ello es urgente un cambio de rumbo.
Se requieren auditorías independientes, transparencia real en la gestión del SIAPA, inversión estratégica en infraestructura hidráulica y una reestructuración profunda del organismo que ponga al ciudadano por encima de los intereses políticos.
Como diputado federal, hago un llamado al gobierno estatal a dejar de lado la confrontación política y trabajar con la Federación para rescatar al SIAPA.
El agua no puede ser botín político ni negocio administrativo.
El agua es un derecho humano.
Y en Guadalajara y su área metropolitana, merecemos recuperar el sistema de agua digno y eficiente que alguna vez tuvimos.