El director del SIAPA, Antonio Juárez Trueba, comparecerá otra vez ante los diputados del Congreso estatal. El pasado jueves 12 de marzo estuvo ante los diputados de la Comisión legislativa de Hacienda, y mañana jueves 19, justo una semana después, deberá estar ante el pleno del Congreso. Para el evento, se aprobó la realización de la sesión extraordinaria número 71 de la actual Legislatura.
No hay mucho qué descubrir en la nueva comparecencia del titular del SIAPA: nuevamente será el objeto de los reclamos y señalamientos de los diputados, principalmente de la oposición.
El listado de los temas pendientes, fruto de la crisis múltiple en el organismo, pasan por la necesidad de una cantidad multimillonaria de recursos para construir infraestructura, emprender obras que llevan décadas de retraso y una profunda reorganización, muy urgente, dentro del SIAPA.
Los diputados se lo harán saber al titular del organismo. Literalmente, lo acribillarán con cuestionamientos y evidenciarán sus fallas y faltantes. ¿Qué podrá hacer al respecto Antonio Juárez Trueba? Literalmente nada. Ya hubo un adelanto de su postura: reconocer y pedir ayuda. Y eso, evidentemente no es ninguna solución.
Lo que estamos atestiguando es cómo se ahonda una revancha política que no ofrece soluciones a la crisis del agua.
En el Congreso estatal, los diputados tienen plenas facultades para llamar a cuestionamiento a los funcionarios públicos. Exigirles respuestas e incluso aplicar sanciones. Pero este caso es especial.
De la comparecencia en el pleno del Congreso no van a surgir las respuestas a la urgencia de un mayor abasto de agua potable; no se entregarán calendarios para la esperada reestructuración interna ni se marcarán fechas tajantes para construir un ducto de Chapala a la ciudad, o una ampliación de la Planta Potabilizadora número 1, ubicada en Miravalle, tal como lo han establecido el titular del SIAPA y el secretario de Gestión Integral del Agua, Ernesto Marroquín.
A los habitantes de la ciudad les quedan claras sus necesidades: abasto de agua, que no sea turbia y no huela mal. Que sea potable. Así de simple.
Además de esto, debe refundarse el SIAPA en tanto organismo operador, deben reponerse las reglas de operación, de administración, de cobranza.
Antonio Juárez Trueba se ha comprometido a entregar un diagnóstico y responder por los problemas internos y sobre todo, establecer una ruta de solución. Y no lo ha hecho.
Sucede que no cuenta ni con los recursos, ni con el apoyo de las autoridades ejecutivas, ni con el presupuesto suficiente.
En días de Cuaresma, la “crucifixión” del director del SIAPA no conducirá a ninguna solución, pero en su persona se completará un episodio más del choque político que ha cruzado transversalmente la vida pública del Estado.