Hace 165 años, hacia el final de la Guerra de Reforma, Benito Juárez, presidente de México, ordenó la suspensión inmediata de deportaciones de mayas hacia Cuba donde eran vendidos como esclavos para trabajar en las plantaciones de caña. Fue en 1861 y es un hecho muy poco conocido. Cuba todavía era colonia española.
En ese año, seguía abierta y vigente la Guerra de Castas, un movimiento de resistencia maya que duró más de cincuenta años; empezó en 1847 en plena invasión estadounidense y terminó en 1901 con una violencia sanguinaria de los militares del porfiriato, entre otros, nada menos que el gran traidor Victoriano Huerta, quien incluso fue condecorado por haber sofocado con lujo de saña y crueldad esa rebelión indígena.
Cabe apuntar que la resistencia maya fue durante toda la colonia, esporádica pero sistemática y también la de los demás pueblos originarios. Enrique Florescano documentó las resistencias de todas las comunidades indígenas en nuestro país a lo largo de la colonia, contrario a quienes sostienen que el sometimiento y la sumisión fueron inmediatos. Ni inmediatos ni permanentes.
La Guerra de Castas es también un episodio poco conocido de nuestra historia en el que, como dato “curioso”, los británicos vendían armas a los mayas y las introducían por Belice.
En su calidad de presidente de México, había llegado a ese puesto desde la Suprema Corte de Justicia de la Nación en el contexto de circunstancias extraordinarias (la guerra civil entre liberales y conservadores), Juárez ordenó que los mayas que eran capturados como efecto de la Guerra de Castas, ya no fueran enviados a Cuba, situación que se había normalizado después de tantos años.
Hay que decir que en 2017 se encontraron los restos de un naufragio en el mar de Yucatán y se comprobó que el barco se usaba, entre otras cosas, para transportar mayas. Las conclusiones preliminares se dieron a conocer tres años después, luego de investigaciones y análisis de los restos de la embarcación denominada “La Unión”, una nave de vapor de la empresa española Zangroniz Hermanos y Compañía.
Hoy se sabe que, aparte de los mayas capturados, había “enganchadores” que los llevaban a Cuba con engaños, es decir, con promesas de trabajo y mejor vida que por supuesto no cumplían. En los años sesenta del siglo pasado Nelson Reed escribió “La Guerra de Castas de Yucatán” donde documenta por ejemplo, que cada esclavo era vendido por 25 pesos y ya en Cuba se llegaban a pagar hasta 160 pesos por los hombres y 120 por las mujeres. Por los niños se pagaban 80 pesos.
Helena Barba-Meinecke, investigadora de la subdirección de Arqueología Subacuática del INAH con sede en Yucatán, encontró que la empresa dueña de “La Unión” comerció alrededor de tres mil 600 esclavos durante una década.
Este tráfico de mayas fue prohibido por Juárez, quien se manifestó en diferentes ocasiones con respecto a Cuba, a favor de su independencia. Traigo este tema histórico desconocido a este espacio porque, por un lado, se conmemoraron 220 años del natalicio del Benemérito de las Américas y, en su discurso, la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, mencionó el vínculo con Cuba; y, por otro, por la situación tan grave que se vive en el país hermano por el bloqueo de décadas y por las amenazas recientes del hombre anaranjado del norte, de castigar con aranceles a los países que tengan tratos comerciales con Cuba.
Sheinbaum Pardo dijo el sábado lo siguiente: “Benito Juárez brindó un sólido apoyo a la independencia cubana durante la guerra de 10 años (1868-1878), ofreciendo refugio y respaldo moral a los exilados cubanos en México. Su gobierno reconoció el derecho de Cuba a la autodeterminación frente al dominio español y se mantuvo como un bastión de solidaridad. Hoy también reivindicamos el derecho del pueblo cubano a su autodeterminación”.
La presidenta ya había dicho antes que es muy injusta la determinación de Estados Unidos de sancionar a quien apoye al pueblo cubano, porque una cosa es estar de acuerdo o no con el gobierno en la isla (y aquí el respeto por la autodeterminación) y otra es impedir que se atiendan las necesidades básicas del pueblo cubano.
Es probable que a estas horas ya haya llegado la flotilla ciudadana #NuestraAmérica para llevar apoyo solidario y en especie a los hermanos cubanos. El barco, denominado “Granma 2.0”, salió de Puerto Progreso, también con varios periodistas que reportan lo que sucede. Ya circula información en redes sociales tanto en X como en YouTube.
Juárez, declarado en su tiempo Benemérito de las Américas, se ganó esa distinción por su lucha por defender la soberanía de México y la autodeterminación de los pueblos americanos. Su discurso, en el inicio de la restauración de la República, una vez derrotado el imperio de Maximiliano, fue un mensaje de paz, de dignidad, de respeto por y para todas las naciones, de ahí su reconocimiento internacional, de ahí su grandeza.
Benito Juárez sí es el mejor presidente que hemos tenido porque después de luchas intestinas, de invasiones y atracos, logró encabezar ese proceso identificado hoy como la Restauración, que implicaba no sólo retomar las riendas de un país independiente y republicano, sino pacificar y empezar a tomar medidas contundentes para cohesionar, unificar, fortalecer, consolidar una identidad nacional amenazada desde el primer día. Sus decisiones para mejorar la educación son fundamentales, por ejemplo, el número de escuelas y de estudiantes se incrementó de manera notable en su administración y en la de Sebastián Lerdo de Tejada. Y no sólo era una cuestión de números. Se introdujeron métodos y corrientes que en la época se consideraban novedosas y pertinentes.
En tres años de invasión francesa, la República no desapareció porque la llevó consigo sin pisar ni por un segundo territorio extranjero. La República con sus tres poderes viajó con él donde los invasores no pudieran alcanzarlo, y no lo lograron pese a los constantes intentos. Una hazaña. Y también el papel de su esposa, Margarita Maza, cuya actuación patriótica hasta ahora se reivindica.
México y Cuba son países hermanos. Recuerdo como si fuera ayer, aquella recepción que los tapatíos le otorgaron a Fidel Castro cuando se celebró en Guadalajara la Primera Cumbre Iberoamericana. Fui testigo. Era el año de 1991 y los mandatarios de la región se encaminaron por el centro de la ciudad para participar en la inauguración de la Biblioteca Iberoamericana “Octavio Paz”. Cuando la gente sentada en graderías alrededor de la otrora Plaza de las Sombrillas identificó al presidente cubano, saltó espontánea y simultáneamente para deshacerse en vivas y aplausos a favor del comandante. La percepción entonces y en muchos ahora, era la de estar frente a un hombre que desafió al imperio estadounidense con una capacidad de resistencia impresionante sin claudicar a principios y valores. El bloqueo que padece Cuba es la causa de la precariedad en la que vive la población en la isla, no es el socialismo; son las amenazas a otros países para que no vendan petróleo ni nada, aunque la ayuda humanitaria de México y de otras naciones sigue llegando. Cuba es y sigue siendo un ejemplo de resistencia, de resiliencia, de amor por su patria, de autodeterminación, de dignidad, de fortaleza.
Un poeta cubano acogido en México durante esa guerra de diez años, Alfredo Torroella, durante la conmemoración del inicio de nuestra independencia, frente a Juárez en el Teatro Nacional, recitó lo siguiente: “México, en este día, en que el sol de tu gloria reverbera, dejadme que tremole tu bandera ¡yo, que no puedo tremolar la mía! […] Del proscrito cubano, acoge el gran amor que por ti encierra; ¡no quiero ser esclavo allá en mi tierra y vengo aquí a ser libre y mexicano!”.