En el pasado, cada que un gobierno hablaba de “medidas de austeridad”, se refería a que el pueblo, ante un escenario de crisis, era quien debía apretarse el cinturón. Endeudamiento, recortes drásticos a programas y proyectos sociales, mientras la burocracia rebosaba en opulencia. Era la fórmula clásica que aplicaban, pero con la Cuarta Transformación la fórmula se invirtió: “austeridad republicana” ahora significa que el gobierno sea quien se apriete el cinturón, que se haga más con menos y que el presupuesto se ponga al servicio del pueblo, no de burocracias. En esencia, eso es el llamado Plan B que acabamos de aprobar en la Cámara de Diputados.
La madrugada de este jueves, tras un debate maratónico, las y los diputados de la Cuarta Transformación aprobamos el llamado Plan B de la reforma electoral, enviado por la presidenta de la república, la doctora Claudia Sheinbaum. ¿En qué consiste específicamente esta batería de reformas constitucionales? Tres aspectos básicos:
1. Erradicar el régimen de privilegios en el sistema electoral.
2. Reducción de gastos burocráticos en congresos estatales.
3. Reducción de gastos burocráticos en cabildos municipales.
¿Que haya más recursos para programas sociales quitando privilegios en el sistema electoral, está mal? ¿Que haya más recursos para la gente de los estados quitando gastos absurdos en congresos estatales, está mal? ¿Que en los municipios tengan más recursos para sus ciudadanos quitando gastos burocráticos, está mal?
Esto es lo que en la Cuarta Transformación llamamos “austeridad republicana” y estoy completamente segura que la inmensa mayoría del pueblo está a favor de estas medidas, por eso aprobamos el Plan B en la Cámara de Diputados. Sin embargo, varios grupos de oposición se mostraron increíblemente molestos con la validación de esta iniciativa, algo que me parece realmente desfasado de la realidad.
La época en que formar parte de los tres órdenes de gobierno (federal, estatal y municipal) o de los tres poderes (ejecutivo, legislativo y judicial) implicaba obtener toda una serie de privilegios, se acabó. El pueblo la enterró desde 2018 mediante millones de votos. El Plan B es sólo un paso más en ese compromiso que se resume en una frase contundente: “no puede haber gobierno rico con pueblo pobre”.
Qué bueno que en el sistema electoral se aprieten el cinturón para beneficio del pueblo; qué bueno que en los congresos estatales se aprieten el cinturón para beneficio del pueblo; qué bueno que en los cabildos se aprieten el cinturón para beneficio del pueblo. La realidad ya cambió, el pueblo así lo exigió y tenemos el compromiso de respetar lo que se nos demandó en las urnas.
El Plan B ya fue aprobado. Implica “austeridad republicana” y significará más recursos para nuestras comunidades, colonias y municipios. ¡Enhorabuena!