La protesta causó caos. Miles de automovilistas quedaron varados por la manifestación de choferes de Uber y Didi. Otros, con maleta en mano, corrieron por la Carretera a Chapala para intentar llegar al aeropuerto… y aun así perdieron el vuelo.
Las afectaciones son evidentes. También lo es que este sistema de movilidad lleva años operando en tensión sin que nadie resuelva el problema de fondo.
Se ha construido un modelo fragmentado. Las plataformas crecen bajo esquemas flexibles que les permiten evitar responsabilidades laborales, trasladando costos y riesgos a los conductores. Los choferes —aunque llamados “socios”— trabajan con márgenes cada vez más reducidos y condiciones cada vez más inciertas.
El Estado, por su parte, ha intervenido con operativos, sanciones y regulaciones, sobre todo en puntos estratégicos como el aeropuerto. Pero su actuación ha sido reactiva, no estructural.
El problema es que el sistema funciona sin articulación. Las plataformas cuidan su modelo de negocio, el Estado intenta mantener control mediante restricciones y los conductores reaccionan ante condiciones de acoso y corrupción.
Y en medio de esa dinámica, los conductores quedan atrapados en un terreno incierto, donde las reglas cambian, los márgenes se reducen y las alternativas son cada vez más limitadas.
El aeropuerto es el punto donde todo esto se hace visible. Ahí no solo se disputa quién recoge pasajeros, sino quién tiene, en los hechos, la capacidad de ordenar la movilidad en uno de los nodos más importantes de la ciudad. Y hoy, nadie lo hace.
El resultado es un esquema inestable, que depende más de la inercia que de una política pública clara y que, ante cualquier presión —como la del martes—, colapsa.
Y eso ocurre justo cuando la ciudad se prepara para el Mundial. La movilidad no solo será un servicio: será vitrina.
Si no se asume esa dimensión y no se corrige el modelo de fondo, los conflictos seguirán repitiéndose. Porque aquí no se trata de quién gana esta disputa, sino de algo más básico: hoy, nadie está ordenando el sistema.