Conocida por su activismo político y claro, por sus resultados, Citlalli Hernández deja una secretaría creada para ella. Deja a las mujeres y se va a la elección. ¿Quién gana?
El movimiento no se vio venir: que Citlalli Hernández abandone el gabinete de la presidenta Claudia Sheinbaum para incorporarse a una estrategia electoral y apoyar a Morena y a Luisa María Alcalde, parece una decisión precipitada. Pero hay que esperar.
De entrada, extraña que la ahora ex secretaria de las Mujeres deje el proyecto de gobierno y acuda en auxilio de la dirigente nacional de Morena, justo cuando se le percibe más como una carga que como una presidenta de partido funcional y conciliadora.
Lo primero que debe revisarse –y no lo hicieron público– son las condiciones puestas por Citlalli Hernández para regresar al partido; de entrada, si los resultados terminan favoreciéndole, habrá acumulado un mayor poder e influencia en Morena y en los cargos públicos que se ganen en la elección 2027, y entonces será tiempo de cobrar facturas.
Pero si por otra parte, resulta que ya no hay manera de rescatar el proceso electoral y los resultados son muy negativos, Citlalli Hernández no será la derrotada.
Probablemente la suya sea una apuesta en la que gana de todas formas.
Sin embargo, dejar la Secretaría de las Mujeres tiene todas las señales de la incongruencia. La dependencia que se creó para ella, en la administración de la primera presidenta en la historia de México, y en las condiciones adversas que enfrentan las mujeres en áreas como la violencia, la economía, las escasas oportunidades, le hubieran brindado después de varios años de trabajo intenso, un gran reconocimiento.
Queda claro que a Citlalli Hernández, entonces, no le interesa más el servicio público sino la actividad político partidista y la acumulación de poder e influencia. Lo suyo, está claro, ha sido siempre el activismo, la coordinación de equipos, la batalla electoral y la consolidación de equipos políticos. En eso dio buenos resultados, y la prueba está en los resultados de las elecciones de 2018 y 2024.
¿Quién gana con este movimiento?, se planteó en las líneas iniciales de este texto. En una primera lectura, gana esta funcionaria que deja el gabinete de Claudia Sheinbaum, porque la suya no es una salida por ineficiencia o escándalo, sino porque se le reconocen capacidad y resultados. Quizá gane también la misma Luisa María Alcalde, desesperada y decidida a seguir siendo la presidenta de Morena.
¿Y quiénes pierden? Las mujeres. Cuando en atención al momento histórico de género que se vive en el país, se crea una dependencia del gobierno federal con la estatura de secretaría de Estado, se generan expectativas presupuestales y facultades de reforma que contribuyen –al menos teóricamente– a mejorar las condiciones de las mujeres. Pero si la secretaría se convierte en un mero escalón de una carrera política, su contribución y sus logros se minimizan; quedan reducidos a un interés particular.
Está en manos de la presidenta elegir a una persona que esté interesada auténtica y profundamente, en la causa de las mujeres.