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29 abril 2026
Tzinti Ramírez
Tzinti Ramírez
Internacionalista y maestra en Historia y Política Internacional por el Graduate Institute of International and Development Studies (IHEID) en Ginebra, Suiza. Investigadora invitada en el Gender and Feminist Theory Research Group y en el CEDAR Center for Elections, Democracy, Accountability and Representation de la Universidad de Birmingham, en Reino Unido. Miembro de la Red de Politólogas.

Estado del arsenal convencional de EE.UU. a dos meses del inicio de la operación Furia Épica contra Irán

29 abril 2026
|
05:00
Actualizada
16:10

La Operación Furia Épica de Estados Unidos vs. Irán dio inicio el pasado 28 de febrero con una promesa de victoria rápida y contundente, sin embargo, a dos meses de distancia, lo que se exhibe, además de los errores garrafales de cálculo político de la cúpula de la administración Trump, es el límite material del poderío militar de Estados Unidos.

Las cifras del arsenal militar de EE.UU. presentadas por el reciente reportaje del periódico The New York Times, de la pluma de los periodistas Eric Schmitt y Jonathan Swan, han cimbrado al propio secretario de Defensa de EE.UU., Pete Hegseth, quien en rueda de prensa en el Pentágono llamaba al rotativo “a pensar dos veces sobre las vidas que afectan” con sus publicaciones.

En su pieza, Schmitt y Swan explican que en apenas seis semanas de guerra contra Irán, Estados Unidos habría consumido alrededor de 1,100 misiles JASSM-ER de largo alcance, diseñados para golpear objetivos protegidos sin que el piloto tenga que entrar en el radio de las defensas enemigas. Municiones pensadas originalmente para escenarios de alta intensidad, como una eventual guerra con China. También se habrían usado más de 1,000 misiles Tomahawk, una cifra equivalente a unas diez veces lo que Washington compra en un año. A esto se suman más de 1,200 interceptores Patriot que como arma defensiva sirven para derribar misiles, drones o aviones enemigos antes de que impacten. Cada Patriot cuesta más de cuatro millones de dólares y, según el reportaje, Estados Unidos produjo alrededor de 600 en todo 2025; en Irán, habría gastado el doble de esa producción anual. 

Finalmente, se emplearon más de 1,000 misiles Precision Strike y ATACMS, proyectiles terrestres de precisión usados para destruir blancos como lanzadores, depósitos de armas, radares o posiciones militares. El costo estimado del conflicto ronda entre 28,000 y 35,000 millones de dólares, casi 1,000 millones de dólares diarios. Es evidente que reconstituir esos arsenales tomará años si atendemos las tasas actuales de producción. 

Washington ha gastado municiones pensadas para una guerra con otra potencia militar mayor y no solo no ha logrado doblegar a Irán, sino que ha debilitado su potencial de enfrentamiento en otros teatros: Europa, el Pacífico y la capacidad de disuasión general frente a Rusia y China. El propio almirante Samuel Paparo, comandante del Comando Indo-Pacífico de EE.UU., reconoció ante el Comité de Servicios Armados del Senado de aquel país, el 21 de abril pasado, que existen “límites finitos al cargador”, advirtiendo sobre el desabastecimiento dado al alto ritmo de consumo del arsenal convencional de EE.UU. 

A esto debemos agregar que el fracaso en la campaña contra Irán no es solo de logística militar, sino primordialmente política. 

Primero, no hubo cambio de régimen. La presión militar no produjo colapso interno ni levantamiento popular. Al contrario, como suele ocurrir bajo bombardeo extranjero, se cerraron filas incluso entre sectores críticos del gobierno.

Segundo, no se eliminó la capacidad nuclear iraní. Y aquí conviene separar propaganda de derecho internacional. Irán es parte del Tratado de No Proliferación Nuclear desde 1970 y tiene un acuerdo con la Organización Internacional de Energía Atómica vigente desde 1974, además, como sabemos, el desarrollo de energía nuclear civil no es una concesión imperial, sino un asunto de soberanía reconocido por el propio régimen internacional de no proliferación.

Tercero, no se destruyó, ni se ha agotado, la capacidad militar iraní convencional. Irán ha sido capaz de absorber golpes, utilizando capacidad militar de vieja guardia, drones de bajo costo, y según ha probado con suficiencia, la capacidad de encarecer monetaria, política y militarmente cada escalada impulsada por Estados Unidos y/o Israel. 

Cuarto, Irán ha consolidado su capacidad de control sobre el Estrecho de Ormuz, pasaje que se encontraba abierto antes de la operación. Más allá del fallido intento de Trump por un contrabloqueo, la inestabilidad en Ormuz ha disparado los precios internacionales del petróleo y encarecido la canasta básica tanto de europeos como de estadunidenses, sólo contribuyendo a la baja popularidad de la guerra contra Irán.

Furia Épica pretendía demostrar superioridad militar y política de EE.UU. En cambio, ha mostrado la dependencia de misiles caros, las dificultades para reponer el arsenal militar de EE.UU. y sobre todo, las razones por las que, desde los años ochenta, distintos presidentes estadunidenses elegían resistir la tentación de atacar frontalmente a Irán. En tanto, el canciller iraní, Abbas Araghchi, se reúne esta semana con Putin en San Petersburgo. Al tiempo.

 

*Las opiniones y contenidos en este texto son responsabilidad total del autor y no de este medio de comunicación.
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