El pasado 30 de abril tuve la oportunidad de acompañar al presidente municipal Juan José Frangie en la Fiesta de Abril, en el Parque de las Niñas y los Niños. En Zapopan, esta celebración no es un evento aislado, es el cierre de un mes completo de actividades dedicadas a conmemorar el Día de las Niñas y los Niños.
A lo largo de los años he asistido en distintas ocasiones, pero esta vez fue distinta. De acuerdo con cifras oficiales, más de 20 mil personas se dieron cita en este espacio público. Más allá del número, lo que se vivió fue un ambiente de convivencia familiar que difícilmente se logra si no existe una apropiación real por parte de la ciudadanía. La imagen es sencilla, pero poderosa: miles de niñas y niños regresando a casa con una sonrisa.
Y aunque puede parecer un detalle menor, no lo es. Habla de algo más profundo: de una ciudad que ha decidido colocar a la infancia en el centro de su vida pública. En mi columna anterior abordé justamente esa idea. Que los primeros años de vida son determinantes, y que el entorno en el que crecen las niñas y los niños influye directamente en su desarrollo.
La ciudad también educa, también cuida y también marca oportunidades. La Fiesta de Abril es reflejo de esa visión. No solo por la celebración en sí, sino por lo que representa: una política pública que se ha sostenido en el tiempo y que hoy encuentra eco en la ciudadanía.
En ese mismo contexto, durante esa semana se dieron a conocer dos decisiones relevantes por parte del gobernador Pablo Lemus que van en la misma dirección de esta política. Por un lado, la iniciativa para garantizar transporte público gratuito a niñas y niños en el Estado. Por otro, el planteamiento de avanzar hacia una cobertura médica universal para la infancia, independientemente de su acceso a seguridad social, a partir del ciclo escolar 2026–2027.
Ambas propuestas apuntan a lo mismo: reducir barreras para los más vulnerables. El acceso a la movilidad y a la salud no son temas aislados, sino condiciones que inciden directamente en las oportunidades de desarrollo de las infancias.
Más allá de los anuncios, lo relevante es la dirección. Dar continuidad a una política como la de la Ciudad de las Niñas y los Niños implica entender que no se trata de una sola acción, sino de una forma de gobernar. Y ahí está el reto. Sostener esta visión en el tiempo, ampliarla y, sobre todo, lograr que llegue a todas las niñas y los niños por igual.
Porque todavía hay diferencias claras en la forma en la que se vive la ciudad dependiendo del contexto en el que se crece. Si algo dejó esta Fiesta de Abril, más allá del festejo, es una señal clara: cuando una política pública logra conectar con la gente, deja de ser solo una estrategia de gobierno y se convierte en parte de la vida cotidiana.
Y eso, en el fondo, es lo que realmente la hace trascender.