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Laura Castro Golarte
Laura Castro Golarte
"Laura Castro Golarte es periodista independiente y activa desde hace más de 40 años; politóloga y doctora en Historia Iberoamericana por la Universidad de Guadalajara. Es autora de varios libros. "

Conciencia de nación

4 mayo 2026
|
05:00
Actualizada
21:17

Dos historiadores de los gigantes, de los que son referencia y cita obligada, afirmaron que en México no hubo sentimiento de nación hasta que se enfrentó a un enemigo extranjero. Ellos sostenían, tanto Francois-Xavier Guerra como Eric Hobsbawm, que el surgimiento de tal sentido de identidad y pertenencia se tardó en aparecer, que no fue durante la guerra de Independencia y ni siquiera poco después, que sucedió, decía Hobsbawm, hasta la invasión gringa y según Guerra, hasta la intervención francesa; y que fue Benito Juárez el que logró unir a los mexicanos, ya plenamente mexicanos, contra el invasor.

No coincido en la parte de que el sentimiento de nación en este territorio apareció hasta entonces, lo investigué y lo documento en mi tesis, pero sí estoy de acuerdo en el hecho de que las amenazas e intervenciones de un enemigo extranjero motivaron, prácticamente en automático, una reacción popular, sólida y contundente de defensa de la nación y respaldo al presidente de México, en el caso de Juárez, claro (aquí radica, creo, la diferencia entre la ubicación de momentos históricos entre Guerra y Hobsbawm).

También coincido en que el pueblo de México efectivamente recuperó el espíritu público cuando la intervención francesa, el Segundo Imperio, pero eso no quiere decir que no se hubiese registrado un sentimiento previo, como sostengo y también documenta otro gigante, John Lynch, británico, el primero en afirmar que la independencia de nuestro país del dominio español, fue distinta a la de los demás países hispanoamericanos, porque aquí fue, sobre todo, una revolución social.

¿Por qué traigo este asunto a cuento? Muy sencillo. En estos momentos podemos decir que México está bajo ataque del vecino del norte. Por más que el hombre anaranjado diga que respeta y admira a la presidenta Claudia Sheinbaum, él y su Departamento de Estado no han dejado de operar contra nuestro país de muy diversas maneras y siempre hay mensajeros a la mano (la vocera, el director del Departamento de Estado, algún subsecretario, el vicepresidente, comentaristas y conductores de medios de comunicación, agentes, en fin) que convenientemente lanzan un dardo o un misil hacia este territorio; muchas veces con la ayuda de mexicanos que, lamentablemente, sí merecen y con creces (a lo mejor hasta me quede corta) la etiqueta de entreguistas por su cero amor a esta nuestra maravillosa patria.

Y este es el punto. Cuando el imperio de Maximiliano, el monarca que un grupo de mexicanos negociaron en Europa con Napoleón III para que viniera a México a gobernar, al cabo de muy poco tiempo, esos mismos mexicanos se dieron cuenta de que no era por ahí. Se equivocaron por supuesto, por la intervención en sí, pero sobre todo porque creían que Maximiliano era conservador y resultó que no, era liberal.

Otras circunstancias se sumaron, como las propias dinámicas en el Viejo Continente que llevaron al francés a abandonar a Maximiliano, sin embargo, lo principal fue la reacción popular, la defensa de México, de su soberanía y de su mandatario; y el propio presidente Juárez que no abandonó ni por un segundo el territorio nacional, de manera que llevó consigo, en aquel famoso carruaje, a la República itinerante que pudo restaurar ya, en la Ciudad de México, en 1867 con todo el respaldo de los mexicanos y mexicanas de entonces. Fue entonces cuando emitió su mensaje poderoso con una frase que se remarca aquí y allende nuestras fronteras: “… entre los individuos como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz”.

Los conservadores que habían ido por Maximiliano se diluyeron, bajaron el perfil, operaron de otra manera; lo que se dio en México entonces fue una unión prácticamente unánime para defender, consolidar, restaurar y no permitir jamás que ninguna potencia extranjera se metiera a nuestro país, fuera invasora, conquistadora o intervencionista.

Con otras circunstancias, en otro concepto y con todas las proporciones guardadas, los intentos de intervención ahora, con el presidente del vecino país del norte, son constantes. Emiten decretos, órdenes ejecutivas y leyes para justificar acciones o para preparar el terreno y afirmar que todo es apegado a su marco jurídico. Pierden de vista, claro, que es su marco jurídico, uno que no aplica fuera de su territorio, digan lo que digan. Y sabemos que si actúan de todos modos en esa línea, es porque no les importa (lo han demostrado con creces) en lo absoluto, el Derecho Internacional, las reglas que nos hemos dado los seres humanos para una convivencia pacífica y armónica, sin abusos ni imposiciones. Las violan un día y otro también sin que haya institución o autoridad en el mundo que hasta ahora atine a poner un alto.

Pues bien, estas son las amenazas y los ataques constantes. Puedo decir que pensando en la mayoría de los mexicanos y mexicanas la unión es fuerte ante esta realidad.

He escuchado a analistas y expertos y hay coincidencia en que sería muy riesgoso para Estados Unidos meterse con los mexicanos.

Y es que este sentimiento de unión que de pronto no se aprecia en redes sociales y en espacios exclusivos de la comentocracia, no sólo surge y es una realidad ante las amenazas, sino que se ha ido fortaleciendo y alimentando con las reiteraciones sobre nuestra grandeza, nuestra madurez y nuestra calidad humana que nos han llevado a recuperar nuestra identidad y un profundo orgullo de ser mexicanos y mexicanas, de pertenecer a este territorio, de reconocer nuestra grandeza como pueblo y nuestros valores y principios; de amar nuestra historia, esa historia maravillosa con altibajos, con triunfos y derrotas, con hombres y mujeres extraordinarios y con una población que en realidad está en la base de nuestra sobrevivencia y del lugar que ocupamos hoy en el mundo, para nada menor.

*Las opiniones y contenidos en este texto son responsabilidad total del autor y no de este medio de comunicación.
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