El pasado domingo, quienes nos desenvolvemos en el ámbito del análisis político, de la academia o del servicio público, nos enteramos por la mañana de la terrible, la lamentable noticia del fallecimiento prematuro del Doctor Jorge Alberto Alatorre Flores, destacado politólogo y servidor público. Escribo estas líneas de manera un poco apresurada, ya que la labor profesional y su dinámica personal, hacen necesario un análisis de mayor profundidad que sin duda harán en lo subsecuente sus amistades más cercanas.
Es difícil describir cómo era Jorge. Su inteligencia y su humor ácido, su testarudez y su amplia capacidad de análisis político, su “ñoñez” como estudiante que en este caso fue proporcional a su alto desempeño en el servicio público, lo hicieron ser una de esas personas de excepción. Sus innumerables alumnos darán fe de su alta exigencia académica, pero también de su calidad humana, su compañerismo desde la entonces Facultad de Estudios Políticos, Internacionales y de Gobierno, de la Universidad de Guadalajara, siendo egresado de su primera generación. Pero para entender su disciplina, basta decir que fue el primer profesionista de nuestra carrera al ser el primer egresado en tener su título de la licenciatura y la primera cédula profesional como politólogo en el Estado de Jalisco.
Maestro en Administración Pública y Ciencia Política con especialidad en Políticas Públicas e Innovación Gubernamental por la Universidad de Pittsburgh y Doctor en Ciencia Política por la Universidad de Purdue, dan cuenta de su perfil académico.
Consejero electoral, coordinador de la Maestría en Transparencia y Protección de Datos Personales de la Universidad de Guadalajara, primer presidente del Comité de Participación Social del Sistema Estatal Anticorrupción de Jalisco, presidente del Comité de Participación Ciudadana del Sistema Nacional Anticorrupción, entre otras muchas responsabilidades públicas, también dejan en evidencia su compromiso. Ese compromiso de un ciudadano tratando de incidir en tener una mejor sociedad partiendo del análisis complejo y de la aplicación práctica desde las diversas trincheras en donde tuvo la oportunidad de aportar, sin arredrarse frente al poder.
En los más de treinta años en los que tuve la valiosa oportunidad de convivir con él, desde los pasillos del CUCSH en la época estudiantil, hasta como colega en el servicio público, Jorge fue un amigo y compañero con quien tuve más diferencias que coincidencias, pero siempre de manera franca y clara. Le respeto su congruencia, destaco que la llevó al extremo incluso dentro de la propia Universidad de Guadalajara.
La palabra que más se acerca para definir a Jorge, es que siempre fue un ser humano ÍNTEGRO.