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Laura Castro Golarte
Laura Castro Golarte
"Laura Castro Golarte es periodista independiente y activa desde hace más de 40 años; politóloga y doctora en Historia Iberoamericana por la Universidad de Guadalajara. Es autora de varios libros. "

Alguna vez esta ciudad…

18 mayo 2026
|
05:00
Actualizada
22:16

Guadalajara ha tenido grandes arquitectos y grandes urbanistas, lamentablemente, las autoridades en turno, de todos los partidos, han hecho lo que les ha dado la gana con esta noble y maravillosa ciudad.

Alguna vez, platicando con un arquitecto en una estación radiofónica, me dijo que en Guadalajara no había planeación urbana y en un momento distinto, otro me dijo lo contrario. Coincido con el segundo, y es que la planeación no ha sido el problema sino las decisiones de los que pueden tomarlas sin consultar, con base en sus ideas, en sus intereses, en su dizque experiencia; esos que han ignorado los esfuerzos de planeación sistemáticamente hasta el desastre que tenemos hoy; y han desdeñado de manera consistente y pertinaz la experiencia de la gente como la gran usuaria de esta ciudad.

Alguna vez soñamos con una sociedad civil activa y poderosa, con formación especializada, que se levantó para defender la movilidad en Guadalajara y la zona metropolitana y lograron incidir en algunas decisiones; además de que inspiraron a muchos, pero luego la mayoría de esos ciudadanos fueron cooptados por el poder en turno y los perdimos irremediablemente. Era un grupo extraordinario que defendía el desarrollo urbano de esta ciudad a capa y espada (¿dónde andarán? Dory dixit).

Alguna vez esta ciudad soñó con un metro. Tenía 10 años y recuerdo aquellas obras que me parecían enormes, para abrir la Calzada del Federalismo. Era el momento, todavía era posible, y por algún tiempo se mantuvo la idea inicial. Las obras iniciaron en 1974 y fue hasta enero de 1977 que empezaron a circular los trolebuses, una idea que tuvo el gobernador de entonces, Alberto Orozco Romero: con la calzada en funcionamiento y el túnel concluido, se inauguraría el sistema de transporte subterráneo con trolebuses usados que fueron rehabilitados y comprados en Chicago mientras se trabajaba lo necesario para introducir el metro.

Como sabemos, esto nunca sucedió y se habla de falta de dinero, de problemas políticos y de intereses varios (léase “pulpo camionero”, entre otros) que impidieron la introducción de un sistema como el metro. Más de diez años después, en 1989, descartado el metro en Guadalajara, se inauguró la primera línea del tren ligero el 2 de septiembre con el anuncio de por lo menos tres líneas más, a saber: la dos, que correría desde la Minerva hasta la Presa de Osorio; la tres, desde Periférico poniente en Zapopan por Ávila Camacho hasta Federalismo para entroncar con la dos y la cuatro, que saldría de la Estación Mexicaltzingo para correr por la calle 5 de Febrero hasta Tlaquepaque y luego por Revolución hasta llegar a la Nueva Central de Autobuses. Gran diferencia. La dos no llega a La Minerva y la tres, con cambios, en realidad es también cuatro.

Pese a todo, con una ciudad acostumbrada al tren ligero que ha sido muy bien recibido y, de hecho, se clama por más rutas, la vialidad en Guadalajara y la zona metropolitana sigue siendo un caos, un desastre cotidiano que empeora con cualquier cosa: lluvias, descomposturas, obras, accidentes, las horas pico, cierres inesperados, futbol, carreras, maratones… La fragilidad de la vialidad en la ciudad es impresionante.

Al paso del tiempo, ya situados plenamente en este siglo, a la complejidad que vivimos y sufrimos todos los días se sumaron por lo menos dos acciones que han contribuido determinantemente a la idea de que “echaron a perder Guadalajara”: las ciclovías y el frenesí inmobiliario. Esto sí que no ha tenido la más mínima planeación. Y lo constatamos día con día.

Las ciclovías por ejemplo, se han instalado sin socializar y sin planear, en decisiones que, aparte de todo, han dividido a la ciudadanía, entre los odiadores de los automóviles y los odiadores de las bicis. No tendría por qué ser así. La cuestión es que han echado a perder avenidas que eran rutas alternas como Guadalupe, Niños Héroes, La Paz y Avenida México y no se han acompañado de medidas que efectivamente inhiban el uso del automóvil, al contrario. Y como no hay tales medidas, el parque vehicular sigue aumentando.

Y de las ciclovías, ¿cuántas no han requerido rehacer o reconsiderar? Han tenido que quitar bolardos (que qué buen negocio para los que los hacen y los instalan) y banquetones porque no están calculadas las vueltas de vehículos de todos los tamaños en calles angostas; o porque a alguien se le ocurrió mover el estacionamiento a un metro o poco más de distancia y se ve como si los carros estuvieran a media calle. Desastre, desastre.

En cuanto al frenesí inmobiliario, pues nada, que no se ha calculado antes la dotación de servicios para las personas que lleguen a vivir ahí (otros asuntos son la gentrificación, el abandono, el encarecimiento) y tenemos problemas sobre todo, de agua y energía eléctrica. Esto tiene años sin planeación y sin regulación. En predios donde había una casa, una mansión, por ejemplo en Ciudad Granja, se construyeron conjuntos de 15, 18, 20 casas. Los consumos de agua y luz se incrementaron de manera exponencial.

La situación es compleja y grave mientras las autoridades se la pasan posando para videos en Tik Tok o tienen el atrevimiento de afirmar que no necesitan proyectos ejecutivos de nada porque con su experiencia basta y sobra. Es una desgracia, y los afectados somos todos los que vivimos aquí porque, además, los problemas se extienden como olas expansivas. Y ahí tienen el caso de La Minerva.

Setenta millones de pesos que no se ven por ningún lado después de meses de obra, cierres arbitrarios e incomprensibles porque se supone que la remodelación terminó, y un caos vehicular que se traslada de las colonias “pegadas” a la glorieta en todas las direcciones, hacia las que siguen y más allá. ¿Cómo se va a corregir esto? ¿Cuándo? ¿Después del Mundial? No lo creo.

El frenesí inmobiliario continúa, las malas decisiones también, la falta de regulación, el desdén de los clamores ciudadanos y el retraso en aquel sistema colectivo de transporte que alguna vez esta ciudad soñó. Ahora, además del Mundial, las lluvias no tardan en llegar y lo peor de todo es que no queda de otra más que hacer de tripas corazón porque el foco de las autoridades está en la lente de sus cámaras y teléfonos.

*Las opiniones y contenidos en este texto son responsabilidad total del autor y no de este medio de comunicación.
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