Una noche infernal es lo que viven una madre y sus hijos en “No dejes a los niños solos”, el nuevo filme de Emilio Portes. Esta película mexicana ofrece una experiencia de cine de terror sin concesiones, que empuja a sus personajes hasta el quiebre total, acercándolos a un destino aciago y, de paso, dejando perplejos a los espectadores.
Catalina (Ana Serradilla) es una madre soltera que acaba de mudarse con sus dos hijos (Ricardo Galina y Juan Pablo Velasco) a la casa que acaban de comprar. Una noche, la joven viuda tiene que salir para atender un asunto muy, muy importante para el futuro de su familia. Por tal motivo, tendrá que dejar a los chicos solos en casa por un par de horas. Tanto la madre como sus niños vivirán su propia noche de horrores conforme se vayan revelando los secretos de la propiedad.
El director de “Pastorela y Belzebuth” asume con entereza los riesgos y osadías de su nuevo filme, sobre todo en lo concerniente al hilo trágico que zurce la vida de sus protagonistas. Así, “No dejes a los niños solos” se erige como un relato rebosante de desconcierto y de peligros latentes, donde el carácter preternatural de la amenaza coexiste con peligros más terrenales: desde las intenciones y ardides ajenos hasta las animosidades de la convivencia cotidiana en los territorios domésticos.
Para crear un entorno familiar inflamable, Portes no se conforma con explorar los dispositivos de las historias de “casa embrujada”; también articula a sus personajes con rasgos dolorosamente reconocibles: el trauma (un evento del pasado ha dejado una cicatriz en madre e hijos), el vacío que deja la ausencia del otro, las expectativas (como las que recaen en las madres solteras o en los hermanos mayores) y las angustias que se producen cuando tomamos una mala decisión que conlleva consecuencias desproporcionadas.
Además, “No dejes a los niños solos” es una pieza sobre la batalla campal por ser “el hijo favorito”, etiqueta que lleva una carga de fantasía y pesadilla en igual medida. Freud dijo que “el hijo favorito conserva el sentimiento del conquistador”: se libran batallas por ese sentimiento, por ganar el territorio afectivo, por estar en el epicentro de la atención materna o paterna, por ser aquel que recibe un amor sin diezmos, sin reservas. Ese impulso coloca a muchos en posición de ataque. En el contexto del favoritismo y de la expectativa, el director de “El crimen del Cácaro Gumaro” dota a los personajes de atributos tan entrañables como repelentes. Es fácil apreciar y despreciar a un personaje de una escena a otra, incluyendo a los chavitos. La fricción es constante.
Si eres amante del cine de género y/o ya tienes una relación previa con el cine de Emilio Portes, esta película es para ti. Si estás buscando terror mexicano que apuesta por el atrevimiento, lo mismo aplica.