Fui niño en los 80 y, claro que sí, fui “generación He-Man”. Vi las caricaturas de los “He-Man y los Amos del Universo” con fidelidad y jugué con sus “monos” hasta hartarme. Recuerdo que entre mis figuras originales estaban el Battle Armor He-Man, Skeletor, Man-At-Arms, Beast Man, Mer-Man y Faker, y ni qué decir de las figuras de “plástico tianguero”, que siempre fueron mis favoritas porque aguantaban toda la carrilla. Con esas se completaba la colección: Trap Jaw, Teela, Triclops, en fin. Los dibujos animados de la tele, las películas, los juguetes, los tiliches y el universo de dicha mitología dejaron su estampa en mi infancia y en tantísimas otras.
Dirigida por Travis Knight (“Kubo”, “Bumblebee”), llega una flamante aventura fílmica de los “Amos del Universo” que cuenta la historia de Adam, el príncipe de Eternia, quien crece exiliado en el planeta nativo de su madre: la Tierra. Sí, nuestra Tierra. Sin embargo, el joven logrará volver a casa para descubrir que Skeletor ha triunfado e impuesto su régimen de tiranía y maldad. Con la ayuda de Teela y Man-At-Arms, Adam descubrirá la magia de la Espada del Poder para enfrentar al villano y recuperar su mundo.
Inspirada en el universo creado y popularizado por la marca de juguetes Mattel, “Amos del Universo” es un relato divertidísimo, quinético y exuberante, pero también frívolo y discursivamente tibio. Se sabe que esto último me choca. Ya hemos discutido previamente en este espacio que una película puede ser descaradamente comercial, consumismo puro, y, al mismo tiempo, puede ofrecernos algo en su discurso. El filme de Knight arranca con dos promesas: que nos ofrecerá un relato sobre el significado del poder y sobre las distintas miradas y discusiones que se han gestado hoy en torno a la masculinidad. Ambas promesas se quedan en el aire, incompletas. Lo que Mattel hizo bien con “Barbie” (una exploración sobre la autoestima y lo femenino en el mundo contemporáneo), no lo logra en este caso, donde, además, tenía sentido hacerlo, pues imbuir “significado” y reflexión al entretenimiento era uno de los sellos originales de la serie animada ochentera.
Aun así, hay que reconocerle a Knight, Mattel, Amazon MGM y Sony Pictures la sólida intentona por sentar las bases de un nuevo cosmos diegético para He-Man y sus personajes. El largometraje ofrece un planteamiento original sobre un imaginario pop que ya conocemos bien. Empero, no sé si me convencieron del todo con el tratamiento dado a muchos personajes y/o elementos de la mitología original. Quizás los que más he resentido sean los relacionados con dos piedras angulares de la saga: los borradísimos Cringer y Orko. La verdad es que otras franquicias han hecho esto mejor: crear un lienzo propio para el escaparate cinematográfico mientras honran el legado. Aquí está logrado a medias.
“Amos del Universo” es un espectáculo de gran escala y decisiones creativas irregulares. La película es un dechado delirante de efectos especiales de calidades distintas: a veces, geniales; a veces, “chafas”. El filme quiere ser “camp”, quiere ser “kitsch”, quiere ser extravagante, quiere ser chabacano y regodearse en la estética de la fantasía ochentera, pero le da timidez meterse de lleno en ese terreno. Lo hace con temor. Además, mientras algunos personajes presumen conceptos dramáticos y acabados estéticos bastante buenos (Man-At-Arms, Skeletor, Beast-Man, Teela, Ram Man); otros rayan en el cosplay de mala calidad (a la que más se le nota es a Sorceress). Donde la película triunfa sin problemas es en el humor: los chistoretes son efectivos y la comedia “autorreferencial” funciona bien.
“He-Man y los Amos del Universo” (la mitología original) fue un relato sobre la lucha del bien contra el mal que muchos abrazamos… y seguimos abrazando. Representaba, también, una oportunidad para imaginar un mundo diferente, un mundo donde los seres más dispares y absurdos podían coincidir y coexistir, un mundo donde el tirano es sometido y castigado siempre, donde se libra la lucha por una justicia accesible para todos. Incluso hay personas que, gracias a aquella caricatura de fantasía, ciencia ficción y romanticismo planetario, recorrieron por primera vez los caminos del descubrimiento de la identidad.
Sí, “He-Man y los Amos del Universo” fueron importantes, trascendieron su propósito: ser un comercial de juguetes. Aquella historia terminó por crear un territorio común entre los niños de su época.
Tal vez por eso es que tengo una relación tirante con la nueva película: porque consigue entretener, pero rehúye la tradición trascendente (en un sentido “pop”) de su inolvidable material primigenio. Para mí, los “Amos del Universo” fueron más que un chistorete o una chabacanada: fueron juego e imaginación, fueron solaz, fueron motivo para tejer lazos con otros, para ser chiquillos que se maravillaban ante las hipérboles, las hazañas y la posibilidad de soñar con un mundo donde el bien siempre gana. Perdón si no me conformo con bromas fáciles, explosiones, ocurrencias y estridencias. Me entretengo, sí, pero no me conformo.