Hace dos años, las tapatías y los tapatíos decidieron que después de 255 presidentes municipales, era tiempo de que una mujer fuera electa presidenta. En este año y siete meses de gobierno, se nota la mano de Vero Delgadillo en Guadalajara.
Con el corazón grande, pero de mano firme y mente serena, la presidenta ha demostrado que tiene plena capacidad, pero sobre todo, la visión de ciudad que, con convicción, sustento, conocimiento y sobre todo con un gran amor por Guadalajara, se puede construir.
El arranque no fue fácil, con dudas y cuestionamientos sobre si podía dirigir el timón, poco a poco, con pasos firmes, recorriendo las calles de la ciudad, dando la cara en cada colonia que visita, con cada sector que se reúne, llega, conquista y convence.
Se requiere mucha valentía para saber ejercer la autoridad, también conocimiento, asertividad y un buen equipo.
Así como Vero Delgadillo reconoció que para llegar a esta visión de ciudad, han pasado 10 años en los que se sentaron las bases, primero con Enrique Alfaro y dando continuidad con Ismael del Toro y Pablo Lemus, nuestra presidenta de Guadalajara ha sabido dirigir los esfuerzos, no solo para consolidar los proyectos impulsados por sus antecesores, sino también para imprimir su propio estilo para dejar huella.
La visión de ser la Ciudad que te Cuida de nuestra presidenta, sustentada en cuatro pilares: seguridad de proximidad, política integral de cuidados, servicios públicos de calidad y corresponsabilidad, es hoy una realidad que no se construye en un día, que requiere continuidad y que, estoy seguro se estará consolidando en este 2026.
Es cierto también que falta aún mucho por hacer porque Guadalajara es una ciudad viva, dinámica, en constante crecimiento, que si bien no puede extenderse geográficamente, es el corazón de Jalisco, el centro de la metrópoli, el recinto de los tres poderes, la oficina de millones y la casa de casi 1.4 millones.
Hace dos años las y los tapatíos no se equivocaron y estoy seguro que las dudas se disipan y la confianza en esa mujer valiente, madura y soñadora, hoy se refleja en decisiones acertadas que hacen de nuestra Guadalajara una ciudad limpia, una ciudad amigable que recibirá a la afición mundialista con mucho entusiasmo, pero sobre todo porque es una ciudad que cuida de las y los que aquí vivimos.