A propósito de una antigua fábula en la que un escorpión termina picando a la rana que le estaba ayudando a cruzar un río, vale la pena recordar que, así como los animales son fieles a su naturaleza, el PRI fue, es y seguirá siendo fiel a su esencia antidemocrática.
El PRI tiene arraigada en su ADN la mala cultura del fraude electoral. Por décadas robó elecciones municipales, estatales y federales. Lo hizo valiéndose de un repertorio de artimañas sofisticado y dolosamente creativo, difícil hasta de imaginarlo.
A tal repertorio pertenecen: el dictado de leyes electorales a modo, la resucitación de electores difuntos, el rasurado de padrones, las campañas de miedo para desincentivar la participación, el encadenado de los centros de votación para retrasar su apertura, el embarazo, robo o sustitución de urnas, el mapacheo en el escrutinio y cómputo de las votaciones, las casillas zapato, la compra del voto y una interminable lista de trapacerías electorales.
En el proceso reciente de Coahuila, la estrategia del PRI para manipular la voluntad popular se centró en cuando menos tres de estos recursos:
1.- Meses antes, el PRI promovió un cambio en la ley para disminuir los tiempos de campaña, de 60 a 30 días, e impedir así que las y los aspirantes de oposición, ausentes de promoción gubernamental, tuvieran oportunidad y tiempo para darse a conocer ante el electorado.
2.- El día 5 de mayo, fecha en que iniciaron las campañas en Coahuila, comenzó el gobierno de aquel Estado una estrategia de amedrentamiento y agresión a las y los candidatos opositores y a sus equipos de campaña para inhibir su activismo territorial, utilizando para ese fin los cuerpos locales de seguridad pública.
3.- La compra masiva del voto, ahora con la sofisticación en la utilización de un QR que permitió registrar en una plataforma la fotografía de la persona con su boleta electoral marcada, para recibir a cambio en un centro de canje, 500 pesos.
Festeja el PRI un momentáneo triunfo, fruto de su indecencia electoral. Además, asume que ya tiene la fuerza para enfrentar a Morena en el 2027. Pero la realidad del PRI dista mucho del entusiasmo de su dirigencia: hoy disputa con MC el último lugar nacional en las preferencias de la ciudadanía y según el INE, en los últimos años la membresía de ese partido ha disminuido en un 86%, pasando de 6 millones a menos de 900 mil.
Vale decir que el PRI ha confirmado aquel refrán que dice: “árbol que nace torcido, jamás su tronco endereza”, y todo parece indicar que también, cerca del centenario de su fundación , “no habrá mal que dure cien años…”.