Sea con las armas a través de una invasión como lo hicieron con Venezuela o los bombardeos de lanchas de pescadores en el Mar Caribe y el Pacífico Occidental; sea con las promesas económicas y apoyos políticos como lo hicieron en Argentina, Perú, Honduras y Colombia para influir en sus procesos electorales; sea con bloqueos petroleros, comerciales, económicos y financieros como los impuestos a Cuba, que violan el Derecho Internacional y asfixian a los cubanos; sea con amenazas directas o veladas para influir e intervenir en la vida de las naciones latinoamericanas como lo hacen en México, tanto Donald Trump como su vicepresidente, JD Vance, no dejan pasar un instante para blandir la espada de Damocles sobre los pueblos y gobiernos latinoamericanos que no se postran ante la Casa Blanca.
Esta misma semana, los dos personajes en momentos y escenarios diferentes, insistieron en enviar tropas terrestres a México para combatir a los cárteles de la droga. Ambas declaraciones dejan en claro el desconocimiento que tienen de los resultados obtenidos por el gobierno de Claudia Sheinbaum Pardo contra el crimen organizado, lo que deja en claro que el verdadero interés detrás de sus bravuconadas es descarrilar el proyecto de la 4T y apoyar sin miramientos a la derecha mexicana.
Desde Francia en la reunión del G7, Donald Trump sostuvo que Claudia Sheinbaum es “una muy buena mujer, pero está muy asustada”, y culpó al gobierno mexicano de “haber perdido el control del país. Los cárteles controlan México”. Inmediatamente después reiteró que Washington se enfocará en atacar el narcotráfico por vía terrestre en nuestro país. Sus dislates llegaron a más cuando le atribuyó a su gobierno la disminución de las drogas que llegan a Estados Unidos por tierra y mar, “hemos hecho un gran trabajo al respecto”, dijo, para luego rematar con su acostumbrada amenaza: “ahora vamos a centrarnos por tierra”. Por supuesto, nada dijo del envío ilegal de armas desde Estados Unidos para armar a los grupos criminales, y que les deja pingües ganancias a las armadoras estadunidenses.
Por su parte, el vicepresidente JD Vance, sostuvo en una entrevista con la cadena de televisión Univisión que saldrá el próximo 21 de junio, que le encantaría trabajar de manera colaborativa con el gobierno de México, pero que se “tomarían medidas militares en nuestro país para combatir a los cárteles del narcotráfico”. La locura llegó a más: “tenemos que reservarnos el derecho de ingresar activos a territorio mexicano”. Reiteró que su prioridad es la defensa de su país, aunque insistió en que prefiere coordinarse con las autoridades mexicanas. Una coordinación que en el lenguaje de Washington significa sumisión.
A no dudar, la derrota militar, económica, política y próximamente electoral sufrida por Donald Trump en su aventura bélica en Irán, arrastrado por el genocida Benjamín Netanyahu, hará que el inquilino de la Casa Blanca mire con más fuerza a Latinoamérica, buscando obtener “triunfos” a cualquier precio con tal de mostrarlos como trofeos frente al electorado en las elecciones intermedias del 3 de noviembre próximo.
De ese tamaño es el reto que enfrentan los gobiernos progresistas de América Latina para mantener en pie sus proyectos políticos, económicos y sociales de cara a la constante embestida estadunidense, que además, recibe por todos lados los apoyos irrestrictos de la derecha latinoamericana que insiste en ganar desde afuera lo que es imposible que obtengan desde adentro de sus países.