Ambientada en un frío y opresivo pueblo rural e industrial de Australia, la historia sigue a Naim y Ryan, dos adolescentes que comienzan un romance secreto en medio de una comunidad cristiana sumamente conservadora y represiva.

El cine de terror australiano vuelve a posicionarse a la vanguardia del género. De la mano de la productora Causeway Films —reconocida por éxitos internacionales como The Babadook y Talk to Me— llega a las pantallas de cine “Leviticus: Ritual de sangre”, la ópera prima del guionista y director Adrian Chiarella.

El filme, que causó sensación tras su paso por el Festival de Cine de Sundance a inicios de año, utiliza las herramientas del horror sobrenatural para poner el foco sobre una problemática desgarradora y vigente: el trauma de las mal llamadas “terapias de conversión”.
Ambientada en un frío y opresivo pueblo rural e industrial de Australia, la historia sigue a Naim (interpretado por Joe Bird) y Ryan (Stacy Clausen), dos adolescentes que comienzan un romance secreto en medio de una comunidad cristiana sumamente conservadora y represiva.
Cuando su homosexualidad es descubierta tras un arranque de celos y traición, ambos son sometidos a violentos rituales de corte exorcista diseñados por la iglesia local para “curarlos”. Sin embargo, lejos de lograr su cometido, el ritual planta en ellos una maldición: desata una violenta entidad demoníaca que nadie más puede ver.
El verdadero horror radica en las reglas del monstruo, el cual los acecha de forma individual y adopta la forma física de la persona que más desean en el mundo; es decir, el uno al otro. Para sobrevivir, los jóvenes se ven obligados a mantenerse alejados, convirtiendo su propia atracción y amor en su mayor amenaza.

La película está inspirada de manera directa en la violencia psicológica y física que sufren los jóvenes de la comunidad LGBTQ+ dentro de las terapias de conversión y los esfuerzos de erradicación de la identidad de género u orientación sexual.
El director ha explicado en entrevistas que el título, es una referencia explícita al libro bíblico del Levítico, comúnmente utilizado por sectores fundamentalistas para condenar y estigmatizar las relaciones entre personas del mismo sexo.

Chiarella buscó subvertir el clásico tropo cinematográfico del exorcismo; en lugar de que el ritual expulse a un demonio preexistente, el largometraje plantea que la intolerancia y el odio de la comunidad son los que siembran el monstruo dentro de las víctimas. El demonio actúa como una brillante metáfora de la homofobia internalizada: el miedo a ser descubierto, la desconfianza hacia los seres queridos y el aislamiento social.
A lo largo de su carrera previa como cortometrajista, Chiarella se ha caracterizado por explorar las complejidades de las relaciones humanas, la identidad y los secretos familiares en atmósferas densas.
Sus trabajos previos en el formato corto fueron fundamentales para desarrollar la notable economía de diálogos y el ritmo milimétrico que hoy la crítica le aplaude en su primer largometraje, logrando transmitir una profunda vulnerabilidad en pantalla antes de dar paso a los sustos más viscerales.

Leviticus: Ritual de sangre ya se encuentra disponible en las principales salas de cine.