Más allá de la cancha del Estadio Guadalajara, el paso del Mundial 2026 por territorio jalisciense resultó un éxito por una sencilla razón: el trabajo en equipo.
Quienes han estado cerca del proceso de organización para eventos como el Fan Fest, los diferentes Public Viewing, los eventos en La Minerva (conciertos incluidos), y la seguridad en torno a los hoteles sede, hablan de la buena coordinación entre el comité local organizador de la justa, los gobiernos de Guadalajara y Zapopan, y todas las dependencias del gobierno del Estado que se han visto involucradas, además del trabajo conjunto con autoridades federales como la Guardia Nacional y las Fuerzas Armadas.
Todo requirió, dicen, el buen ánimo para trabajar en una mesa de coordinación desde hace dos años aún cuando, por ejemplo, la administración de Vero Delgadillo en Guadalajara comenzara formalmente, aunque ella ya estaba participando en las sesiones en representación del ayuntamiento.
Hubo mucha planeación anticipada, pero también capacidad de reacción. El éxito del Fan Fest en la Plaza de la Liberación obligó a las autoridades a ponerse de acuerdo para “descentralizar” (las comillas son mías) la aglomeración de aficionados para ver los partidos. En cosa de 24 horas, por ejemplo, se decidió y organizó la instalación de pantallas en diferentes plazas públicas. Unos pusieron el dinero para contratar; otros el apoyo logístico; unos más los elementos policiales, bomberos, o personal de asistencia médica. Verdadero trabajo en equipo, pues.
Los pocos problemas de seguridad (escribo estas líneas antes del partido México-Ecuador) se resolvieron también de manera expedita. Lo mismo la capacidad de reacción para recoger toneladas de basura, que para conseguir recipientes enormes para reducir el número de botellas, bolsas y demás tiradas en la calle.
Todo esto, explican los involucrados, sin descuidar tareas esenciales de vigilancia policial en las colonias, o interrumpir el servicio de recolección de basura en las diferentes zonas de la ciudad.
Esto que escribo suena a elogio, y lo es. Mantener el buen nivel de un evento como resulta un Mundial de futbol no es cosa fácil. Los visitantes regresarán contentos a casa, y los locales podemos estar satisfechos. Ya vendrán los tiempos para pelear por otros temas.