Cuando toco una puerta en algunas colonias de Zapopan, me he encontrado con una pregunta que inquieta a la gente con toda razón: ¿cuándo va a salir limpia el agua de mi llave? Es una pregunta que merece una respuesta honesta, pero también esperanzadora. La buena noticia es que por primera vez en más de 30 años hay un plan, hay recursos sobre la mesa y ya empezaron las obras, y ahora viene una parte fundamental en el Congreso del Estado, que ese esfuerzo no se quede a medias y se aproveche de la mejor manera, que cada peso llegue hasta su llave convertido en agua limpia, y que esta vez quienes hoy tenemos esta responsabilidad, sí terminemos lo que empezamos.
El agua turbia que hoy llega a muchas colonias de la Zona Metropolitana de Guadalajara no se descompuso de un día para otro, y tampoco la rompió un solo gobierno, la rompieron años en los que a nadie le tocaba pagar la factura del mantenimiento, tuberías de hasta 80 años, una planta potabilizadora que este año cumple siete décadas, un acueducto de Chapala que ya rebasó los 40. Todo eso se fue acumulando en silencio mientras la ciudad crecía y el organismo se quedaba atrás.
Y aquí quiero hacer una distinción que me parece clave, porque en el debate del agua se confunde todo el tiempo. Una cosa es traer agua a la ciudad, y otra muy distinta es potabilizarla y hacerla llegar limpia hasta su casa. En los últimos años sí hubo una obra grande de abasto, la presa El Zapotillo, que ya empezó a aportar agua a la metrópoli. Pero los propios especialistas lo han dicho con claridad: no basta con tener más agua si no se construyen también las plantas potabilizadoras y las líneas que la conducen y la limpian. Se atendió la parte del abasto, que era necesaria, y quedó pendiente la parte que la gente sí siente al abrir la llave. Por eso podemos tener hoy más agua disponible y, al mismo tiempo, agua que sale turbia. No es una contradicción, es una obra que le falta más.
Y esa es justamente la historia que no podemos repetir. Las grandes obras que renovaron a fondo la manera en que esta ciudad potabiliza y distribuye su agua se hicieron hace más de tres décadas. Desde entonces Guadalajara duplicó su población y sumó colonias enteras, pero la columna vertebral que la abastece siguió siendo prácticamente la misma, remendada una y otra vez. Le pedimos a una infraestructura de otra época que le dé agua limpia a una ciudad de 2026, y luego nos sorprende que no aguante.
Hay un dato que casi nadie recuerda y que a mí, como diputada, me obliga. En 1998 se propuso que el SIAPA contratara un crédito grande para renovar su infraestructura antes de que se pudriera, y el Congreso de Jalisco de aquel entonces lo rechazó. Veintiocho años después estamos pagando aquella decisión con agua sucia. Les cuento esto no para señalar culpables de hace tres décadas, sino porque hoy me toca a mí sentarme en ese mismo Congreso frente a una decisión parecida, y no pienso repetir ninguno de los dos errores: ni el de cerrarle la puerta a la inversión que la ciudad necesita, ni el de abrírsela sin condiciones.
El Gobierno del Estado, encabezado por el gobernador Pablo Lemus, ya está trabajando, hay obras empezadas y recursos asignados, pero trabajar y resolver no son lo mismo, y a la señora que carga garrafones cada semana no le sirve saber que hay una mesa instalada, le sirve abrir la llave. Mi tarea desde la Comisión de Hacienda es exigir que se resuelva, y que cada peso que se invierta se pueda seguir hasta la colonia donde termina convertido en agua limpia.
30 años de descuido no se arreglan solo con el anuncio del proyecto, por grande que suene la cifra, se arregla con constancia, con mantenimiento y con la decisión de no volver a abandonar al SIAPA en cuanto pase la tormenta. Porque el verdadero riesgo no es solo que hoy salga agua sucia, el riesgo es que sigamos tratando al organismo como se le ha tratado por décadas, dejándolo deteriorarse hasta que un día alguien nos diga que ya no tiene arreglo. Ese día no puede llegar, y evitarlo empieza hoy, con cada decisión que tomemos sobre su dinero.
El gobierno anunció un plan que supera los 25 mil millones de pesos, y todavía nos falta conocer los detalles de la inversión, pero es algo que tenemos que analizar con mucho detenimiento porque no nos podemos equivocar, y porque lo que está en juego es el futuro de nuestra ciudad. La inversión en infraestructura para el agua es algo que esta ciudad necesita con urgencia.
El agua no espera, y nosotros tampoco debemos hacer esperar a la gente.