La tradicional Zona Metropolitana de Guadalajara vive una crisis de agua. No sólo son los hechos contundentes que han motivado varias protestas públicas por el agua turbia y maloliente, es también la realidad palpable de la quiebra en la que se encuentra el organismo operador del agua, el Sistema Intermunicipal de los Servicios de Agua Potable y Alcantarillado (SIAPA).
Se cumplió ya una semana desde que integrantes del gobierno estatal anunciaron un paquete de obras que requerirán en los años por venir al menos 25 mil millones de pesos, para construir la infraestructura que permita recuperar el abasto de agua y la calidad del líquido.
Se había anticipado una confrontación política y ya está plenamente instalada en el Congreso del Estado, donde incluso el coordinador de los diputados de Movimiento Ciudadano (MC), José Luis Tostado, anunció que propondrá formalmente la desaparición del SIAPA.
Además, para tratar de apaciguar el enojo y la inquietud de la ciudadanía por la mala calidad del agua, el secretario de Salud, Héctor Raúl Pérez Gómez, anunció ayer que no hay registro de incremento de enfermedades gastrointestinales por la coloración y el mal olor del agua. Reiteró que no debe usarse para cocinar, sino sólo para tareas de limpieza, y tampoco se mencionaron enfermedades de la piel.
Puede deducirse que no hay riesgo detectado de enfermedades por las actuales condiciones del agua que se recibe en las llaves del agua.
Cálculos realistas de una solución al agua turbia y maloliente semana que puede ser en septiembre próximo cuando se corrija, gracias a las obras que se iniciaron con el primer paquete de cinco mil millones de pesos.
El problema, con base en esta información, persistirá durante varias semanas más.
Es totalmente entendible la indignación y la protesta de la ciudadanía, pero es importante entender la crisis del agua porque esta situación, combinada con desinformación y especulaciones, se convierte en material ideal para proyectos político electorales de diferentes actores públicos que avivan la discusión y los reclamos sociales.
Sin embargo, ningún proyecto político podrá corregir en menos tiempo un problema que se dejó crecer durante las últimas décadas; no hubo inversión ni mantenimiento para actualizar la infraestructura hidráulica en la ciudad, y evidentemente, un sistema que no se actualiza y no se protege, terminar por romperse. Es lo que está pasando con el SIAPA y su estructura de suministro.
Las diferentes fuerzas políticas representadas en el Congreso del Estado, en los ayuntamientos y en el gobierno estatal, pueden buscar a los responsables que antes, no hicieron lo que correspondía para mantener al SIAPA como un organismo estrictamente técnico, que ha sufrido manejos políticos y económicos desastrosos, pero esa búsqueda de responsables no corregirá lo que hoy ya es caduco.
Lo más urgente es un acuerdo general para iniciar el trayecto de varios años que requerirá sanear al SIAPA o crear un nuevo organismo que garantice agua en calidad y cantidad para todos en la metrópoli.