Como diputado federal por Jalisco, no puedo quedarme callado ante la grave crisis hídrica que afecta a la Zona Metropolitana de Guadalajara.
El agua que llega sucia, con mal olor y en algunos casos con evidencias de contaminación en más de 600 colonias, no es un problema aislado ni responsabilidad exclusiva de administraciones pasadas.
Es un fracaso compartido. Desde el PAN y el PRI, que gobernaron durante décadas, hasta Movimiento Ciudadano, que ha estado al frente de los principales municipios y del Estado desde 2015 —más de una década—, todos tienen una responsabilidad histórica en la mala administración del Sistema Intermunicipal de los Servicios de Agua Potable y Alcantarillado (SIAPA).
No se puede seguir señalando solo a los anteriores cuando el problema persiste y se agrava bajo el actual gobierno. Lo más preocupante es la falta de transparencia.
No hay un diagnóstico público claro sobre el estado real de la red, las causas de la contaminación ni la magnitud de la afectación. Se habla de un plan de rescate de más de 20 mil millones de pesos, posiblemente a través de figuras como la APP (Asociación Público Privada), pero sin explicar a la ciudadanía en qué condiciones está la infraestructura, cuánto se ha invertido realmente en mantenimiento, tratamiento y químicos en los últimos años, ni cuáles son las deficiencias estructurales.
Pareciera más un anuncio de negocio que una solución integral. Antes de endeudar más al Estado o buscar recuperar la cartera vencida, urge sanear el organismo operador de agua: revisar gastos, eliminar posibles aviadores y casos de corrupción, y rendir cuentas.
No se puede voltearle la tortilla al ciudadano exigiendo pagos mientras en muchas colonias llega agua turbia y mal oliente. En esas zonas no debería cobrarse el servicio; al contrario, el gobierno debe garantizar el suministro mediante el envío de pipas de agua limpia y asumir su responsabilidad.
La solución pasa por contar con servidores públicos que sean especialistas en el tema del agua y honestos, por tener un diagnóstico serio y un esfuerzo conjunto de todos los partidos, más allá de colores y de intereses político electorales.
Los jaliscienses merecemos agua potable, no promesas ni excusas, mucho menos que nos cobren por un servicio de forma injusta e inadecuada.