El próximo 1 de agosto cumpliré cuatro años al frente de la Comisión Estatal de Derechos Humanos Jalisco. Al pensar en esta fecha, no pienso en un aniversario institucional. Pienso en las personas que han acudido a la Comisión buscando algo fundamental, ser escuchadas.
En estos años he confirmado que la defensa de los derechos humanos no se construye únicamente desde la ley, sino también desde la empatía, la escucha y el compromiso con la dignidad humana. Detrás de cada expediente hay una historia de vida, una preocupación legítima y una persona que espera una respuesta.
Cuando asumí esta responsabilidad, sabíamos que la Comisión tenía importantes desafíos: fortalecerse, modernizarse, acercarse más a la ciudadanía y recuperar la confianza. Por ello emprendimos una reingeniería institucional que puso a las personas en el centro de nuestro trabajo. Buscamos ser una institución más cercana, más profesional y más sensible a las necesidades de la sociedad. Pero también entendimos que los derechos humanos no pueden defenderse en solitario.
Uno de los mayores logros de estos años ha sido construir alianzas con organizaciones de la sociedad civil, universidades, organismos internacionales y autoridades de los distintos niveles de gobierno. Gracias a ese trabajo conjunto hemos aprendido, corregido errores y encontrado mejores caminos para responder a los retos que enfrentamos.
Sin embargo, sería un error quedarnos únicamente con los avances. La realidad nos sigue recordando todos los días que hay personas desaparecidas, víctimas que esperan justicia, comunidades que reclaman igualdad y grupos que continúan enfrentando discriminación y violencia. Frente a ello, no hay espacio para la complacencia.
Como institución todavía tenemos mucho que mejorar. Debemos ser más ágiles, más cercanos y más eficaces. Debemos seguir escuchando y fortaleciendo la confianza ciudadana, porque la confianza no se decreta ni se hereda, se construye todos los días con trabajo, transparencia y resultados.
A cuatro años de distancia, estoy convencida de que hemos avanzado, pero también de que el camino es mucho más largo que lo recorrido. Por eso, más que celebrar, quiero agradecer a quienes han confiado en la Comisión, a quienes nos han señalado nuestras áreas de oportunidad y a quienes trabajan todos los días por una sociedad más justa y solidaria.
Estos años me han dejado una certeza: la defensa de los derechos humanos comienza cuando somos capaces de reconocer la dignidad de cada persona. Comienza en la capacidad de reconocernos como iguales, de escuchar al otro, de respetar nuestras diferencias y de construir, desde la corresponsabilidad, una cultura de paz. Ese sigue siendo nuestro mayor reto. Y también nuestra mayor esperanza.