La presidenta Claudia Sheinbaum fue el objeto de una burla, abierta y pueril, del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump. En un evento público que parecía un acto de campaña, el presidente se mofó de la pronunciación de Sheinbaum Pardo, de quien afirmó que pronuncia “Méjijo”, cuando dialoga en inglés. Puede asegurarse que es mentira, pero tratar de desmentir a Trump es una misión imposible; nunca lo aceptaría.
Lo llamativo de este episodio permite, en cambio, plantear algunas reflexiones. ¿Por qué el mismo Trump que en diversas ocasiones ha elogiado a la presidenta mexicana insiste en convertirla en objeto de burla? Quizá cree que le granjea simpatía entre sus seguidores.
Además, en medio de su broma infantil reiteró amenazas contra la relación comercial entre las dos naciones, aunque en los hechos tanto el representante comercial de su gobierno, Jamieson Greer, como el embajador estadounidense Ronald Johnson, apenas la semana pasada elogiaron la colaboración entre los dos países y animaron la inversión estadounidense en México.
¿Hay que tomarlo en serio? Pareciera que no. Pero, ¿cómo responderá la presidenta Sheinbaum? ¿Otra vez una sonrisa a medias y aquello de la “cabeza fría”?
El hecho de ser presidentes no les resta a Sheinbaum y a Trump sus rasgos humanos; el poder incluso puede profundizárselos. Por eso no se puede descartar que con estas burlas, el presidente de Estados Unidos se cobre una revancha por los insistentes retos y llamados a defender “la soberanía” que la presidenta de México invocó cuando el gobernador con licencia, Rubén Rocha Moya, fue acusado de estar coludido con el crimen organizado y solicitaron su extradición para ser juzgado… algo a lo que ella se ha negado tajantemente.
Pero hay dos puntos centrales entre México y Estados Unidos en la agenda de Trump: la seguridad fronteriza y la lucha contra el tráfico de drogas, y la potente relación comercial que ha convertido a México –muy a pesar de Trump– en el principal socio de Estados Unidos.
Estas dos realidades obligan, más a Sheinbaum que a Trump, a mantenerse en el terreno del pragmatismo. De él se pueden esperar exabruptos y berrinches; de ella, no. Los técnicos del análisis geopolítico hablan de la “asimetría” entre las dos naciones, y se refieren en términos más coloquiales, a la desventaja con la que nuestro país enfrenta permanentemente cualquier reto o competencia con su vecino norteamericano.
¿Eso obliga a Sheinbaum a soportar una burla personal de Trump?
¿Cuál es su estrategia para responder?