El programa “Legado Jalisco” nació como una política pública integral para dignificar a más de seis mil elementos de las corporaciones de seguridad y a sus familias. Además de garantizar un ingreso mínimo de 25,714 pesos —colocándolos entre los mejor pagados del país—, incrementos salariales, atención médica y becas universitarias completas. La estrategia contempla vivienda vertical accesible con mensualidades menores al 30% del ingreso familiar. Para concretarlo, el Congreso del Estado respaldó por unanimidad destinar un predio en San Isidro para 200 departamentos, dirigidos a policías que, por sus ingresos, quedan marginados del programa federal de vivienda de la presidenta Sheinbaum.
Sin embargo, la propuesta chocó de frente con el oportunismo y el doble discurso guinda. Resulta paradójico que mientras la bancada morenista respaldaba la obra con su voto en el Congreso, distintos actores políticos de Morena con intereses electorales en Zapopan promovieron entre un grupo de vecinos la toma del predio. La intención era clara: impedir los trabajos, forzar una confrontación y provocar un desalojo para victimizarse ante las cámaras y las redes sociales.
Esta maniobra remite directamente a los métodos del antorchismo histórico: invadir, desinformar y capturar el espacio público para extorsionar a las instituciones y extraer dividendos electorales. En un principio argumentaron que el predio debía ser un parque, omitiendo que existe uno a 200 metros; reclamaron una escuela, habiendo un plantel a 100 metros. Todos los aspectos legales de la donación y sus fines contemplados en la ley de desarrollo urbano han sido escrupulosamente atendidos por el Ejecutivo y el Legislativo. Lejos de buscar el diálogo, los promotores de la invasión hostigaron a los equipos de socialización municipal, los persiguieron en vehículos y los silenciaron con altavoces.
Ante el amedrentamiento, la liberación del terreno por la autoridad municipal restablece la legalidad indispensable para encauzar la discusión institucional. El gobierno ha dicho que abrirá el diálogo, pero éste no podía partir del chantaje. Las inquietudes de los vecinos sobre el impacto en servicios públicos, vialidades y eventuales riesgos ambientales son legítimas y habrán de debatirse en espacios técnicos para llegar a acuerdos. Quienes recurren a la toma ilegal descalifican la causa social que afirman representar y se aprovechan mezquinamente de la buena fe vecinal.
Zapopan y las familias de nuestros policías merecen certidumbre, soluciones de fondo y liderazgos a la altura de sus necesidades, no agitadores que confunden la política con la confrontación y utilizan a la comunidad como carne de cañón. Fuera manos de los partidos y del oportunismo electoral: que se hagan a un lado y permitan el entendimiento directo entre vecinos y autoridad en San Isidro.