Las Chivas del Guadalajara partieron a la Leagues Cup con el agua hasta el cuello. Sí, recién van tres jornadas de la Liga MX pero el Rebaño está más presionado de lo que nunca ha estado en un año y cachito que tiene Milito como “pastor”. Ustedes se pueden preguntar, ¿por qué? La respuesta es sencilla, pues tenemos que recordar las declaraciones del pastor del Rebaño tras la derrota ante Toluca, cuando reconoció públicamente que el equipo estaba para campeonar, y días después, su capitán Luis Romo también lo secundó y en conferencia de prensa, aseguró que era una obligación ser campeón.
Con tres fechas completas, Chivas sólo suma 4 de 9 puntos disputados; perdió en casa con Toluca, en su patio por segundo partido consecutivo, a duras penas venció a los Bravos de Juárez y en tiempo agregado. Esos mismos Bravos que fueron goleados por Pumas y que corrieron al técnico, por cierto. Y el viernes pasado, a duras penas, rescataron el empate ante el Puebla de la Franja.
Chivas, además, está recordando su pasado oscuro en el ataque. Armando González atraviesa uno de sus peores momentos en su corta carrera en Primera División y en partidos de Liga MX acumula poco más de 500 minutos sin anotar. Aunque ha estado cerca de romper la malaria, los postes y las intervenciones oportunas de los guardametas se lo han impedido, por lo que el juvenil se ve y demuestra la frustración por no haber marcado ya.
Por lo pronto, la Leagues Cup es un arma de doble filo desde mi punto de vista, pues la presión seguirá en el Redil si no convencen en estos partidos, si la “Hormiga” no marca, si los resultados no son favorables… y Milito pareciera que está perdiendo la calma que le conocíamos en las conferencias de prensa. En cambio, si el Guadalajara recuerda su buen futbol y tiene contundencia, podría desechar la mayoría de críticas que se le han hecho y mostrar que los futbolistas tienen el carácter de salir frente a las adversidades.
Por lo pronto, este miércoles enfrentan a LAFC, segundo lugar en la Conferencia Oeste, duro rival que pudiera exhibir las falencias rojiblancas o devolver la confianza a un plantel que más que nunca, necesita dar resultados positivos.