En la discusión sobre el programa “Legado” en San Isidro confluyen distintos espacios y narrativas. Hay quienes quisieran creer que X (antes Twitter) es la nueva plaza pública, cuando en realidad sus algoritmos favorecen burbujas donde solo interactúan voces afines. En ese ecosistema, algunos usuarios parecen sentir el “deber ciudadano” de criticar sistemáticamente toda acción del gobierno estatal, sin valorar jamás sus méritos posibles. Esto genera la ficción de estar ante una “opinión pública” consolidada cuando, en los hechos, se trata del mismo y muy compacto grupo de personas interactuando en bucle entre ellos, con el añadido de paquetes de bots y cuentas simuladas diversas.
Al bajar del terreno digital a la realidad del territorio en Mirador de San Isidro, de un universo de alrededor de cinco mil habitantes, la estridencia la encabeza un grupo reducido de vecinos movilizados por activistas plenamente identificados con Morena, entre los cuales está una diputada suplente. Para sostener su protesta han construido mitos que no por mucho retuitearse dejan de ser falaces. Se ha dicho que el predio es una donación de un particular destinada exclusivamente a un parque; la verdad es que la Ley de Desarrollo Urbano vigente en su momento, obligaba a los desarrolladores a ceder terrenos no a los vecinos, sino a las autoridades estatal y municipal como reserva territorial para fines públicos diversos, que abarcan desde vialidades y escuelas hasta programas sociales de vivienda como es el caso.
Quisieron vender la idea de que el terreno era un parque vecinal, cuando en realidad se trataba de un predio abandonado con matorrales y fauna silvestre; omitiendo, además, el compromiso formal del proyecto para arbolar el espacio y el hecho de que ya existe un parque real a tan solo 200 metros. Por otro lado, los “expertos” de Twitter han sentenciado que el lugar no es viable para vivienda por asentarse en una pretendida zona de riesgo a partir de datos imprecisos que se replican como ciertos entre el mismo nicho de “líderes de opinión”.
La narrativa del “despojo violento” por parte de la fuerza pública es otra ficción diseñada para la red y medios de comunicación afines a Morena. La autoridad simplemente procedió a la recuperación de un predio tomado de forma irregular, en una diligencia ejecutada sin mayores incidentes. La supuesta “represión” fue un montaje fallido de quienes buscaban convertir la zona en un campamento de agitación electoral.
Tampoco es sostenible que no haya hilos políticos detrás de las inconformidades. Existen grabaciones circulando que documentan a personas con chalecos guinda y rótulos de Morena participando en los campamentos. Y mientras en redes exigen un diálogo que dicen desear, en los hechos los manifestantes hostigaron y se cerraron a dialogar con los funcionarios de Participación Ciudadana de Zapopan que acudieron a escucharlos y atender sus inquietudes.
Hoy condicionan cualquier mesa de trabajo a ser recibidos únicamente por las máximas autoridades –hemos de suponer que el gobernador y el presidente municipal–. Cabe preguntarse si la intención auténtica es resolver dudas técnicas y no politizar el tema, ¿por qué cerrarse al diálogo con las áreas operativas? Rechazar la mesa de trabajo solo confirma que la prioridad no es el bienestar vecinal, sino mantener el conflicto vivo para alimentar la burbuja digital y sacar raja electoral.