La privacidad, concebida bajo las premisas del siglo pasado, ha caducado. No por falta de conciencia ciudadana, sino por la irrupción de una Inteligencia Artificial (IA) basada en modelos fundacionales, uso masivo de datos e inferencias predictivas que erosionan la autodeterminación informativa.
Esta segunda semana de agosto del presente año, la región se cita en la conferencia CPDP LatAm bajo el lema: “Gobernanza de Datos para la Soberanía Digital, la Cooperación y la Interoperabilidad”. En este foro, tendré el honor de participar en dos momentos estratégicos: con una ponencia en el panel sobre el rol de las autoridades de protección de datos ante los desafíos colectivos de la IA, y en la sesión de clausura del evento. Ambos espacios comparten una convicción: la discusión ya no es sobre riesgos teóricos, sino sobre la necesidad de fiscalizar el impacto cotidiano de los algoritmos.
Frente a sistemas de caja negra que determinan créditos, empleos o servicios públicos, los derechos ya no pueden defenderse mediante quejas individuales. América Latina consume masivamente tecnologías e infraestructuras desarrolladas fuera de sus fronteras. Si las autoridades garantes mantienen una postura reactiva, la brecha algorítmica seguirá ensanchándose.
Soberanía digital no es aislamiento ni proteccionismo informático; es la capacidad de garantizar derechos a través de las fronteras. De ahí la importancia de impulsar y discutir respuestas transversales en favor de los particulares, desde estos espacios en los que intervendré.
Debemos transitar hacia Evaluaciones de Impacto Algorítmico, vinculantes para sistemas de alto riesgo antes de su despliegue, pasando de la sanción que es ex post a la prevención necesariamente ex ante. Por otro lado, es indispensable implementar Sandboxes Regulatorios seguros, que permitan a empresas y gobiernos innovar con la guía técnica de la autoridad. Tercero, resulta crucial consolidar la interoperabilidad regional mediante las cláusulas contractuales tipo que ha propuesto la Red Iberoamericana de Protección de Datos (RIPD) y que han sido acogidos ya por diversos países.
Las transferencias internacionales de datos no frenan el comercio, sino que tienden un puente entre regulación, certidumbre e integración. Si Latinoamérica se fragmenta, las tecnológicas impondrán sus reglas; si actúa como un mercado unificado, construirá una soberanía colaborativa con peso geopolítico real.
La infraestructura digital más valiosa de la región no son los servidores ni la fibra óptica, sino la confianza pública. CPDP LatAm 2026 debe marcar el rumbo hacia autoridades más audaces y robustas y hacia una América Latina decidida a liderar su propio futuro tecnológico.