Tras 112 días de permanecer apartado del cargo, el viernes Rubén Rocha Moya desafió, pisoteó y quemó prácticamente todo al regresar de forma burlesca y retadora a la gubernatura de Sinaloa. No volvió acompañado de su partido, ni por sus homólogos, mucho menos por el gobierno de México. Volvió solo, y su decisión le causó un terremoto de tal magnitud a Morena que sacudió a toda la estructura del poder.
Morena calificó su reincorporación como una decisión personal; la Secretaría de Gobernación recordó que la Fiscalía General de la República mantiene abierta una investigación en su contra, los gobernadores guindas lo llamaron a actuar con madurez y responsabilidad, legisladores de su partido calificaron el momento como un cisma (una división o separación de una iglesia cuando las personas se apartan de la autoridad).
La hecatombe llegó el mismo día que una muy conveniente gripa atacó a la presidenta, misma que dijo haberse enterado de la decisión de Rocha por un tweet. El sábado, sin mencionar su nombre, la mandataria criticó que el ejercicio del poder sin principios lleva a la arrogancia, y la falta de límites deriva en abusos. Cualquier parecido con la realidad debe ser mera coincidencia.
Al final, las presiones surtieron efecto. Rubén Rocha duró solo un día en el cargo. El sábado volvió a solicitar licencia. Bien dicen que en política la forma es fondo; que un gobernador señalado de vínculos con la criminalidad reasuma el cargo sin informar a la presidenta no es una falla administrativa, es toda una fractura expuesta en el poder.
Quedará en incógnita si fueron las presiones de Morena y la presidenta las que hicieron rectificar a Rocha Moya, o si hubo alguna advertencia peligrosa desde las autoridades de Estados Unidos, que mantienen la versión más oscura del sinaloense. Lo que queda muy claro es que Morena cada vez debe dar más maromas para mantener a flote el movimiento.
En Sinaloa, Rocha se fue otra vez, pero el problema no se fue, sigue ahí, en Sinaloa, donde la guerra continúa. De acuerdo con el Consejo Sinaloense de Empresarios, en 2026 las extorsiones han aumentado en 94.4% mientras que el empleo se ha desplomado con 44 mil 451 personas desempleadas, al tiempo que en Culiacán la ciudadanía ha desplegado espectaculares exigiendo que dejen de matar a la gente.
Lo cierto es que Rubén Rocha pudo entrar y salir en un día por la libre, pudo pedir licencia y Morena ya descansa en haber contenido la que pudo haber sido la crisis de política internacional más fuerte de este sexenio, pero en Sinaloa la violencia y el miedo continúan, ahí no hay licencia ni presiones. Esto es Morena.