Rubén Rocha Moya anunció el viernes 21 de agosto, su regreso al gobierno de Sinaloa; era un mandatario con licencia y estaba libre de regresar al cargo que, dijo, pretendía ocupar hasta el último día de octubre del año 2027. Pero la reacción en contra fue unánime y contundente. Al día siguiente, resolvió retirarse del cargo con otra licencia, esta vez indefinida.
El retorno de Rocha Moya provocó una crisis política de alcance nacional. ¿Ya quedó resuelta?
La presidenta Claudia Sheinbaum retomó el asunto ayer lunes, pese a que ya lo había abordado el fin de semana. Sin ninguna reacción emocional, consideró que la decisión de Rocha Moya no era “pertinente”. Pero detrás de esta mesurada adjetivación, la mandataria deja de lado la tempestad interna que puede incluso, marcar el resto de su ejercicio de gobierno.
El gobernador Rocha Moya, aunque legalmente no está impedido, no puede regresar al ejercicio de gobierno por varias razones imperativas: está acusado en Estados Unidos de otorgar protección a cárteles de la droga y aún más, de participar activamente en la comisión de delitos.
Ya no existen las condiciones en las que recibió el apoyo del partido, de legisladores y gobernadores morenistas e incluso de la presidenta misma, cuando se convocó desde el Zócalo de la Ciudad de México a la defensa de la soberanía. Han sucedido muchas cosas más que impiden definitivamente el regreso de Rocha Moya: la negociación de Ismael “El Mayo” Zambada con la justicia estadounidense; la cancelación de la visa de Andy López Beltrán; la extradición de Fernando Farías Laguna; las amenazas a los funcionarios estadounidenses que califican el aguacate michoacano que dejó de exportarse unos días; los operativos para combatir y detener a capos del crimen organizado en Michoacán, Jalisco e Hidalgo; la negociación del T-MEC con el gobierno de Donald Trump y la presión que se ejerce directa e indirectamente desde el gobierno estadounidense al gobierno federal que encabeza Sheinbaum… estos factores y otros más, terminaron con la buena fortuna de Rocha Moya.
Y definitivamente, porque recibió la aprobación o incluso, la instrucción del expresidente Andrés Manuel López Obrador para intentar retomar el poder, es que se provocó una crisis dentro de la estructura del poder en Morena, tanto en el gobierno federal como en los espacios estatales y el Congreso de la Unión.
Lo que se está dirimiendo en estos momentos es qué grupo será mayoritario y tomará las decisiones en el ejercicio del poder: los “claudistas” o los “obradoristas”.
Por eso la crisis no ha concluido. La presidenta tomó la delantera después de la sorpresa inicial que provocó Rocha Moya, pero la resistencia es real y también lo es que muchos funcionarios le entregan su lealtad a López Obrador y no a Claudia Sheinbaum.
La tendencia que acabe por imponerse marcará el proceso electoral 2027 y el rumbo inmediato del gobierno federal.