Cinco derechos para que la vejez deje de depender de la suerte que se tuvo en la familia.
Antes de que sigas leyendo, te pido un favor. Piensa en el nombre de la persona que te cuidó cuando más lo necesitabas.
Ahora al revés, que es la pregunta difícil: ¿A cuántas personas has cuidado tú? Ahí la lista se alarga. Un padre, una madre, un hijo, una pareja enferma, un hermano, una vecina. Somos un país que se ha pasado la vida cuidando en silencio, y que todavía no sabe cómo devolver el gesto cuando le toca el turno a quien ya cumplió.
El viernes pasado fue el Día Nacional de las Personas Adultas Mayores, y lo conmemoramos como cada año: reconocimientos, pastel, fotografía y buenos deseos. Se agradece el cariño, pero un día al año no sostiene a nadie.
El problema de fondo es que en México seguimos tratando el cuidado como un asunto privado, que cada familia resuelve como puede y con lo que tiene. En Jalisco, seis de cada diez personas cuidan a alguien. El trabajo de cuidados no remunerado equivale al 6.8 por ciento del Producto Interno Bruto del Estado, más que varias industrias que sí aparecen en los discursos de desarrollo.
Esa economía enorme funciona sin sueldo, sin horario y casi siempre sin relevo. Por eso, hoy a propósito de ese día quiero proponer hablar de la vejez con el lenguaje que la política suele reservar para otros temas, el de los derechos y son cinco:
Algunos de estos derechos ya están escritos. Jalisco fue el primer Estado del país en reconocer en su Constitución el derecho a cuidar y ser cuidado, y en 2024 el Congreso aprobó por unanimidad la primera ley estatal de cuidados de México. También nos aseguramos de que trajera dinero, porque un derecho sin presupuesto termina siendo una frase bonita en un papel oficial.
Lo que falta es que se noten, que un derecho escrito en la Constitución se sienta en la banqueta, en el centro de salud del barrio y en la vida diaria de quien cuida sin descanso. Ese es el trabajo pendiente, y no se termina con una ceremonia.
Todos vamos hacia allá. Con suerte, todos vamos a llegar a envejecer, así que piénsalo una vez más, ahora en tu propio caso: el país que dejemos listo para las personas mayores de hoy es exactamente el país en el que vas a envejecer tú.