La presidenta Claudia Sheinbaum Pardo lanzó una acusación pública que sorprende: el gobierno de los Estados Unidos intenta dividir al gabinete de seguridad. Es una estrategia –dijo– que han aplicado antes. Para probar su afirmación, comentó que por un lado, halagan públicamente al secretario de Seguridad, Omar García Harfuch, y en momentos diferentes desacreditan a otros integrantes del gabinete.
Hay mucho para leer “entre líneas” en su declaración, porque la mayor parte de la información en materia de seguridad se guarda en secreto, y más cuando se trata de los intercambios con las autoridades estadounidenses.
Cuando el presidente Donald Trump declara, y lo ha hecho muchas veces, que en México el gobierno está controlado por el crimen organizado, la presidenta Sheinbaum ha respondido enérgicamente que es falso, y expone como prueba el combate al crimen organizado, las detenciones de los líderes y miembros de los cárteles; la ubicación y destrucción de laboratorios clandestinos donde se fabrica droga, además de la incautación de drogas y armas.
Pero cuando personajes como el director de la DEA, Terry Cole, reconoce la colaboración del gobierno mexicano en el combate a la delincuencia organizada y califica a Omar García Harfuch como “un amigo”, entonces responde que es una estratagema para dividir al gabinete de seguridad.
Resulta casi inexplicable.
Debe partirse una convicción para juzgar lo que está ocurriendo: no se puede interactuar con ingenuidad y abierta confianza con autoridades norteamericanas. Detrás de cada funcionario, y más cuando se trata de las agencias de gobierno, hay instrucciones jerárquicas, intereses de gobierno y disposición de “sacrificar” a personas u objetivos ajenos, así se trate de un socio o aliado.
La confusión no radica entonces, en la manifestación de desconfianza de la presidenta, sino en la interpretación de los hechos y la advertencia que provoca conjeturas varias: ¿Existe confrontación entre los integrantes del gabinete de seguridad? ¿Los estadounidenses dividen a su gobierno? ¿Es una manifestación de pérdida de confianza en Omar García Harfuch, uno de colaboradores más destacado?
Claudia Sheinbaum acaba de presentar su Segundo Informe de Gobierno y además de reiterar las cifras positivas en reducción de delitos, principalmente homicidios dolosos, insistió también en que no hay división interna en Morena (a pesar de todas las pruebas en contra) y repitió que se mantiene voluntad de colaboración con el gobierno de los Estados Unidos, pero sin sacrificar la soberanía.
Y precisamente desde de la Casa Blanca hay avisos públicos y la mayoría privados, en los que se insiste en la relación de políticos de Morena, principalmente Raúl Rocha Moya, con el crimen organizado, por lo que se pide sean extraditados.
Es en este creciente fenómeno en el que debe radicar, seguramente, la molestia y la advertencia presidencial.