En realidad, estamos a punto de llegar a 131 millones. Pero para cerrar cifras, el cero es fenomenal. El asunto es que el INEGI recién publicó los resultados de su Encuesta Intercensal, porque como ya se sabe, cada década medimos con más precisión “cuántos somos y dónde estamos”.
Esta reciente encuesta se realizó del 6 de octubre al 14 de noviembre del año 2025, así que no se mide todo lo que ha ocurrido desde entonces, que son más de 10 meses
La revisión de una Encuesta Intercensal arroja datos y estadísticas muy útiles para diferentes sectores de la sociedad, pero en este espacio quiero detenerme en dos datos que hoy parecen pequeños, pero están construyendo el futuro del país:
a) Estamos envejeciendo aceleradamente; el promedio pasó de 29 a 32 años.
b) Estamos teniendo menos hijos. Antes se dijo que cada mexicana en promedio tenía 1.9 descendientes. Hoy son 1.2 y en lugares tan grandes como la Ciudad de México el promedio se reduce a 0.8 hijos por mujer.
De inmediato nos caen encima las preguntas obvias: ¿Eso es bueno o malo? ¿La tendencia va a cambiar para aumentar o para reducir?
Vamos por partes.
Bueno y malo. Ambos.
Si las mexicanas deciden tener menos hijos, se trata de una decisión personal. No en todo el país es igual. Si las habitantes de la Ciudad de México y otras grandes urbes apuntan a tener un hijo o no tener ninguna, hay otras regiones de país donde las mujeres tienen tres o cuatro. Eso significará, con el paso de un par de décadas, la disminución de la densidad geográfica, es decir, Ciudad de México podría dejar de ser la ciudad más poblada del país. Y eso significaría mucho: zonas urbanas abandonadas, servicios más abundantes, por ejemplo.
En cambio, la presión podría trasladarse a otras marchas urbanas, como la de Guadalajara o Monterrey.
El nivel de influencia de gobiernos estatales cambiará radicalmente, porque pesa más una élite política con más habitantes, más presupuesto, más representantes.
Esto impactará también en nuestras mediciones de migración. Probablemente acaben las migraciones de mexicanos a Estados Unidos, pero pueden aumentar las de otros países a México. No estamos inventando nada: en Europa viven desde décadas atrás el fenómeno de la migración africana y asiática por una razón tan sencilla como falta de habitantes.
Otra vez, ante un fenómeno tan complejo y con tantas variables, la pregunta se escribe sola: ¿Nos estamos preparando o dejaremos que las consecuencias no arrollen, como ha sucedido hasta ahora?