Con los votos de Morena y sus aliados, sumado a la abstención de Movimiento Ciudadano, las comisiones de Justicia, Economía y Estudios Legislativos Primera del Senado de la república, aprobaron la polémica “Ley Antimemes”, la reforma de la presidenta México que busca imponer condenas de prisión a quien realice parodias del gobierno.
Para Morena, la reforma pretende combatir la piratería, la falsificación y el uso fraudulento de elementos protegidos por la propiedad industrial; para el resto del país es un mecanismo más de censura, represión y control político. ¿Ir a la cárcel por un meme o una parodia? Ahora sería posible.
Irónicamente, México es un país con una gran tradición histórica sobre la crítica política; en el lejano 1900 los hermanos Jesús, Ricardo y Enrique Flores Magón publicaban el diario de combate “Regeneración” donde caricaturistas contrastaban al poder en turno. Hoy día es impensable imaginar un periódico sin cartones políticos que hacen del humor y la sátira un ejercicio de contrapeso al régimen.
Un gobierno que no soporta un meme tiene un problema; y el problema no es en sí mismo el meme o la piel delgada de la clase política morenista, sino el castigo que buscan imponer. El dictamen original contemplaba penas de tres a siete años de prisión para quien utilizara o imitara la identidad gráfica institucional para “inducir a un error” o “desinformar”. Después de las duras críticas modificaron la redacción y ahora plantean penas de uno a cinco años.
Y la pregunta es difícil de omitir: ¿Por qué una reforma contra la piratería tiene que invadir el terreno de la sátira política? De ninguna manera voy a negar que en la actualidad hay cientos de páginas digitales que buscan engañar, extorsionar y desinformar utilizando logotipos oficiales, sin embargo, hay que tener la mente extraviada para tolerar la intolerancia a la crítica. Catalogar la crítica humorística en un delito no es opción.
Morena asegura que no hay censura en sus gobiernos; para muestra un botón: En el Estado de Campeche los diarios impresos Tribuna, Crónica, El Sur, Expreso y Novedades, han cerrado o limitado sus operaciones durante el gobierno de Layda Sansores, quien ha hostigado a periodistas y ciudadanos críticos de su administración. Otro ejemplo, en junio de 2025, cuando el alcalde detenido de Tequila, Jalisco, Diego Rivera, agredió físicamente a un fotoperiodista del medio N+.
Imponer el miedo como política pública del Estado para silenciar la crítica es digno de cualquier dictadura. Si un periodista, caricaturista o ciudadano se la tiene que pensar antes de parodiar o satirizar al poder, es señal alarmante de que hemos perdido nuestras libertades. Y es escandaloso que Movimiento Ciudadano se haya abstenido de votar contra esta aberrante reforma.
No se trata de proteger los memes o el humor del mexicano (totalmente importante) se trata de defender un principio básico de libertad plasmado en la Constitución. Que nadie en este país tenga que callar por miedo a ir preso. El PRI dará la batalla y no callará.