Cuando hablamos de seguridad, casi siempre pensamos en la acción de reacción: una patrulla que llega, una denuncia, una detención o una investigación. Y, por supuesto, necesitamos policías profesionales, instituciones fuertes y capacidad para reaccionar frente al delito. Sin embargo, hablar de seguridad debe hacerse desde una perspectiva mucho más amplia.
Esta semana, Jalisco Cómo Vamos, junto con el Gobierno del Estado, universidades y organizaciones de la sociedad civil, presentaron el “Repositorio de Acciones por la Paz”, una plataforma que busca concentrar y compartir iniciativas que ya se realizan en Jalisco para construir seguridad y paz. El ejercicio me parece relevante por varias razones: la primera es que toma experiencias de los diferentes sectores de la sociedad, ya que es un error asumir que la paz se construye sólo desde el gobierno. Segundo, que abre la discusión de la gestión de paz desde múltiples temas, y no desde una acción unilateral.
Construir paz no significa solamente combatir el delito, ni se limita a hablar de prevención. Implica cambiar la manera en la que nos relacionamos y aprendemos a resolver nuestras diferencias en los espacios donde transcurre nuestra vida cotidiana: en la familia, la escuela, el trabajo, el barrio y el espacio público. Porque muchos conflictos forman parte natural de la convivencia; la diferencia está en las herramientas que tenemos para enfrentarlos antes de que escalen.
Muchas de esas acciones ya suceden todos los días, aunque pocas veces las relacionamos con una agenda de paz. Identificar y conectar estos esfuerzos pueden ayudar a replicar estas buenas prácticas desde diferentes espacios.
Un ejemplo es lo que se ha realizado desde el Gobierno del Estado de Jalisco. El modelo de ciudad de las niñas y los niños que inició en Zapopan se ha replicado ahora a los municipios del interior: educación, cultura y deporte como detonante para una comunidad más integrada y segura. Programas como las Colmenas, la rehabilitación de unidades deportivas, o Escuelas con Estrella, han logrado impactar de manera positiva y directa a sus comunidades, consolidando así esta agenda de construcción de paz.
Porque también debemos reconocer algo: la policía es indispensable, pero no puede construir paz por sí sola. Esa responsabilidad comienza mucho antes y necesita de gobiernos, universidades, organizaciones, empresas, y ciudadanos trabajando en equipo.
Antes de reaccionar y castigar como única visión de solución, probablemente el reto actual sea preguntarnos qué tanto estamos haciendo para prevenir que en un futuro tengamos que reaccionar y castigar.
La paz no aparece solamente cuando se aumentan los números de detenidos o se incrementan los presupuestos en las comisarías. Se construye cuando una sociedad entera desarrolla mejores herramientas para enfrentar sus problemas sin llegar a la violencia.