El corazón trabaja incluso cuando dejamos de pensar en él. Late durante una conversación, una jornada de trabajo o una noche de descanso. Tal vez por esa constancia damos por hecho que seguirá haciéndolo sin pedirnos atención.
Este 29 de septiembre en el marco del Día Mundial del Corazón, vale la pena detenernos en una pregunta sencilla: ¿sabemos cómo está nuestra salud cardiovascular? Las enfermedades del corazón y los vasos sanguíneos son la principal causa de muerte en el mundo. Según la Organización Mundial de la Salud, ocasionaron alrededor de 19.8 millones de fallecimientos en 2022.
Cuidar el corazón comienza mucho antes de una urgencia. Conocer nuestra presión arterial, acudir a una valoración para identificar diabetes o colesterol elevado cuando corresponde, movernos con regularidad y evitar el tabaco son decisiones que pueden reducir el riesgo. Pero pedirle a cada persona que se cuide no basta si faltan espacios para caminar, alimentos saludables al alcance y servicios de salud capaces de detectar y tratar a tiempo. La prevención también es una responsabilidad colectiva.
Hay una idea que debemos dejar atrás, la de creer que una enfermedad cardiovascular siempre dará una advertencia clara. Por ejemplo, la presión arterial elevada puede pasar inadvertida durante años. Por eso, sentirse bien no sustituye una revisión y si aparece dolor u opresión en el pecho, falta de aire repentina o signos de un evento cerebrovascular, buscar atención inmediata puede salvar una vida.
La campaña de este año nos invita a no dejar pasar un latido. Yo añadiría: tampoco dejemos pasar la oportunidad de cuidar a quienes laten a nuestro lado. Preguntar a nuestros padres si conocen su presión, acompañar a alguien a consulta o promover una pausa activa en el trabajo son gestos pequeños que pueden abrir una conversación importante.
El corazón no necesita que pensemos en él a cada minuto. Necesita que, de vez en cuando, nos detengamos a escucharlo y actuemos a tiempo.