Mientras crece el escrutinio sobre Andrés Manuel López Beltrán, también se amplía el cerco político y mediático a su alrededor. En Estados Unidos, dos agencias analizan acusaciones que lo relacionan presuntamente con contrabando de combustible y delincuencia organizada, además, se ha reportado la cancelación de su visa.
A esto se suma su cercanía con Jorge Amílcar Olán, cuyos movimientos financieros son investigados por la UIF y sobre quien se ha reportado una cuenta en Suiza por más de 72 millones de euros. Son investigaciones y señalamientos que deberán ser esclarecidos por las autoridades, pero que colocan al hijo del expresidente bajo un escrutinio cada vez mayor.
Y justo en medio de este escenario, Andy anuncia que quiere ser diputado federal. La coincidencia política es evidente, una diputación implica fuero. Afirmo que, ante el momento que enfrenta, la sociedad tiene derecho a preguntarse por qué ahora. Si quiere representar a los ciudadanos, primero debe estar dispuesto a responder ante ellos y aclarar los cuestionamientos que rodean su nombre y sus relaciones.
Cada vez que su hijo queda bajo presión, reaparece Andrés Manuel López Obrador para defenderlo. No es entendible, como expresidente, ya que la defensa familiar no puede sustituir a las instituciones. Si hay señalamientos, que se investiguen, si hay pruebas, que se presenten. Nadie debe estar por encima de la ley, tampoco el hijo de un expresidente.
Andy tiene la obligación de entender que su candidatura está frente a investigaciones. Si quiere una curul, que respete las reglas. Tiene que explicar por qué su candidatura llega precisamente cuando enfrenta tantos cuestionamientos. Además, resulta preocupante que se pretenda construir una candidatura mientras el Instituto Nacional Electoral ya tramita quejas relacionadas con presuntos actos anticipados de campaña.
Las reglas electorales existen para todos, para los ciudadanos comunes, para los partidos, para los gobernantes y también para los hijos de los expresidentes. Nadie puede estar por encima de ellas.
Si Andy López Beltrán quiere participar en política, que lo haga dentro de la ley. Que limpie su nombre y lo haga sin privilegios, sin atajos y sin utilizar el apellido como argumento de autoridad, no buscando dónde esconderse tras el fuero. Lo vimos en un video en el que se aprecia lo poco preparado que está y, con tal cinismo, anunciando su postulación, detrás de un miedo que tiene para buscar el fuero.
Ya que se le relaciona y se le investiga por contratos de balasto para el Tren Maya, en la compra de material y medicamentos, obras de Dos Bocas y otros proyectos públicos. así como señalamientos que vinculan a su entorno con posibles redes de tráfico de influencias, contratos públicos, adquisición de inmuebles y el llamado huachicol fiscal.
México no necesita juniors políticos protegidos por apellidos. Necesita servidores públicos capaces de entender una regla elemental: quien quiere el poder debe estar dispuesto a rendir cuentas, y quien necesita el poder para sentirse protegido debería explicar por qué.