La crisis del agua potable en la Zona Metropolitana de Guadalajara alcanzó un nuevo pico esta semana: manifestaciones, reportes y una molestia evidente en redes sociales y medios de comunicación. El tema obligó a una reacción inmediata y ayer, el gobernador Pablo Lemus convocó a una reunión urgente a los presidentes municipales metropolitanos y los funcionarios responsables en el sector. Se tomaron acciones urgentes y la consecuencia está a la vista: mejorará la calidad del agua, pero habrá menos líquido y se establecerán cortes rotatorios.
Las medidas comienzan por dejar de usar agua de la Presa de Las Pintas. En este vaso desemboca el agua que proviene del Lago de Chapala y de ahí pasa a las plantas potabilizadoras, pero en la presa misma se está arrojando agua contaminada. El resultado es lógico: el proceso de potabilización no basta y por eso, en varias zonas de la ciudad se está recibiendo agua turbia y pestilente.
Las medidas emergentes pueden durar varios meses, probablemente seis.
De este modo, durante lo que resta del año el compromiso es mejorar la calidad del agua, pero habrá menos.
El SIAPA y los presidentes municipales acordarán el mecanismo para hacer los cortes del líquido.
Además, mañana jueves se entregará en el Congreso del Estado el proyecto para la construcción del acueducto del Lago de Chapala a Guadalajara, junto con la ampliación de la Planta Potabilizadora de Miravalle, dónde ya hay obras de crecimiento. Los diputados tendrán que resolver de forma emergente el tema.
El gobernador Lemus Navarro reiteró que tiene un acuerdo con la presidenta del país, Claudia Sheinbaum Pardo, para que el gobierno federal se haga cargo de las obras complementarias de la Presa El Zapotillo –aunque hay que subrayarlo, el tema no está contemplado en el proyecto presupuestal que la Secretaría de Hacienda entregó a la Cámara de Diputados la semana pasada–.
Las medidas urgentes son inevitables. La molestia de los afectados tiende a crecer y además, se prepara también una manifestación para el domingo próximo.
Parte del mensaje de ayer incluyó un llamado a la ciudadanía para tomar conciencia y disminuir el uso del agua ante la escasez que se avecina. Ha sido el mismo llamado que durante años no ha dado resultado.
El tiempo y la situación alcanzaron a la ciudad. Ahora la disyuntiva es clara: mientras no se efectúen las obras para tener acceso a agua potable, lo implica al menos dos años de espera, sólo queda tener menos agua o tenerla contaminada.
Es imposible que el tema no permanezca vigente durante el proceso electoral que está encima, pero es momento de terminar la politización que ha provocado el alargamiento de la crisis hídrica.
Al final, las consecuencias son para la mayoría de los habitantes de la ciudad.