¡Vaya! Sólo fueron necesarias decenas de protestas, un pueblo absolutamente indignado y encolerizado, más los urgentes llamados de especialistas, investigadores y académicos para que, al fin, el gobierno de Jalisco entendiera la gravedad del problema y reconociera que estamos viviendo una crisis histórica en materia de agua potable. ¡Nada mal! Poco faltó para que intentaran patear el bote un sexenio más, como hizo su antecesor emecista y, antes de él, los gobiernos prianistas del estado.
En lo que vino a ser la crónica de una crisis anunciada, bastó una semana para que el Área Metropolitana de Guadalajara se colapsara por completo y, con ella, la credibilidad del partido al frente del gobierno estatal. De un problema grave que siempre fue minimizado por las autoridades estatales una y otra vez, pasamos a una crisis generalizada que ahora afecta de manera alarmante a muchísimas colonias de los municipios metropolitanos; a cientos de miles de personas que tienen que elegir entre bañarse arriesgando su salud, o quedarse sucios; entre completar el gasto o utilizar el dinero en garrafones para asearse, lavar sus trastes y limpiar sus alimentos.
¿Cómo es posible que hayamos llegado hasta este punto? ¿Cómo se permitió que el problema escalara hasta esta magnitud histórica? En esencia, considero que esta profunda crisis que estamos padeciendo todas y todos tiene, al menos, tres graves factores centrales: corrupción, negligencia y opacidad.
El SIAPA, órgano encargado de llevar agua potable a la ciudad, lleva décadas de abandono y corrupción por los gobiernos estatales. Mientras el sistema envejecía, se volvía obsoleto y comenzaba a fallar, el SIAPA fue la caja chica de los gobiernos, la dependencia en la que acomodaban a sus aviadores mientras el barco se hundía más y más; a la par, diversas autoridades estatales se hacían de la vista gorda mientras decenas de empresas, en su voracidad, vertían ilegalmente sus desechos al torrente de agua que alimenta al Área Metropolitana de Guadalajara. ¿Cuántas denuncias por esto? ¿Cuántas carpetas de investigación abiertas? ¿Cuántas personas detenidas?
Desde hace años, especialistas intentaron advertir al gobierno estatal de la crisis que se avecinaba. Una y otra vez las autoridades, con absoluta negligencia, se hicieron de la vista gorda y patearon el bote. ¿No fue el caso de la administración emecista pasada? El gobierno federal le cumplió a Jalisco con la presa El Zapotillo, ¿y las obras que el gobierno estatal prometió? ¿No señaló el exgobernador que garantizaba 50 años de agua potable a Jalisco? Ya en la administración actual, mientras todos advertían la crisis que estaba iniciando, ¿en qué gastaba el gobierno nuestros recursos? ¿Cuánto se fue en patrullas Cybertruck? ¿Cuánto en la Minerva, en la Plaza de la Liberación, en la Plaza de la República o en tarjetas de transporte con empresas privadas? Presupuesto siempre hubo; negligentemente lo gastaron en algo más.
Por último, desde el primer momento hasta el punto actual, en que la crisis por fin estalló con toda su magnitud, ha existido una criminal ausencia absoluta de certeza institucional. El problema crecía alarmantemente, mientras el gobierno era opaco en la información no sólo con la población, sino incluso con los propios especialistas e investigadores, a quienes se les regateaban los detalles sobre el tipo de problemas con los que contaba la red. Ni qué decir de las autoridades sanitarias jaliscienses: ¿qué riesgos a la salud implica la actual crisis? ¿Qué tipo de bacterias, qué tipo de contaminantes tiene el agua que nos están dando? Mientras especialistas y representantes populares –como los diputados federales morenistas de Jalisco– exigimos se realice una declaratoria de Emergencia Sanitaria en el Área Metropolitana de Guadalajara, el gobierno estatal sigue sin declararla, sigue en la opacidad total, sin informar sobre el grave riesgo de salud al que nos están exponiendo.
La crisis reventó, y la indignación del pueblo es justa y plenamente válida. Se acabaron las excusas, se acabóla posibilidad de repartir culpas y no asumir errores. Ocho años gobernando el estado, 11 gobernando Guadalajara y Zapopan, 17 gobernando Tlajomulco: ¿Hasta cuándo asumirán su responsabilidad? ¿Quiénesson los culpables de la corrupción, negligencia y opacidad que llevaron al actual desastre?
Pueden intentar mentir, pero ya no lograrán engañar. El pueblo es consciente, exige responsables y, sobre todo, soluciones, ¡soluciones reales ya! ¿Ésta será la buena?