La manifestación del pasado 11 de octubre se convirtió en uno de los episodios más complicados y costosos en la gestión política de la administración del gobernador Pablo Lemus. Sin embargo, el mandatario de Jalisco reconoció e inició un proceso de corrección. Ayer, en un mensaje emitido en sus redes sociales, admitió que el operativo de seguridad en la manifestación que se desarrolló en el entorno de Casa Jalisco incurrió en varios errores; como consecuencia de esto, intervino para que se concretara la liberación de todas las personas que habían sido detenidas; siete de los 39 detenidos originalmente habían sido trasladados al complejo penitenciario de Puente Grande.
Adicionalmente, el gobernador indicó que en la actuación de la policía estatal no debió haberse arrojado gas lacrimógeno ni agua a presión para intentar dispersar a quienes se confrontaban con los policías antimotines.
Aseguró también que se iniciaron investigaciones que permitirán establecer responsabilidad sobre los elementos de seguridad que dieron instrucciones o procedieron a detener a personas sin justificación o haciendo uso indebido de la fuerza.
Desde el domingo 11 de octubre, la manifestación se había convertido en una crisis adicional, derivada de la otra crisis, la que comenzó meses atrás por la mala calidad del agua que se distribuye en la Zona Metropolitana de Guadalajara. De todas las críticas recibidas, las de mayor impacto y que ejercieron mayor presión, fueron las de la presidenta Claudia Sheinbaum, quien durante dos días consecutivos, en su rueda de prensa diaria en Palacio Nacional, reprobó lo ocurrido y públicamente pidió explicaciones al gobernador de Jalisco, comprometiendo también un acuerdo para el financiamiento de obras que atiendan de origen el problema que ha crecido en complejidad, la mala calidad del agua.
El gobernador Lemus cede y reconoce la equivocación. Eso no basta para que las críticas se modifiquen, aunque se reconoce su cambio de postura.
Los manifestantes violentos y las agresiones fueron reales. Pero también lo fueron los yerros en el procedimiento de las fuerzas policiales y la repercusión que se convierte en responsabilidad que debe asumir el titular del Poder Ejecutivo.
Queda pendiente ahora la reacción de la sociedad, porque desde los sectores político, académico y de los partidos políticos, se seguirá reprobando lo ocurrido.
Al gobierno estatal debe urgirle ahora, después de este episodio, construir los acuerdos para resolver lo que originó todo: la crisis del agua. El tiempo se agota.